31/5/09
Isi
Dormí demasiado, o eso fue lo que me dije a mi mismo al despertar. Pero tanto mi mente como mi cuerpo necesitaban el descanso. Abrí los ojos cuando el sol de la mañana consiguió sacarme de mi sueño, en momentos así uno alberga bastante odio hacia el astro rey. Me encontré a mi mismo espatarrado a los pies de un árbol. A mi derecha estaba mi mochila hecha jirones. “Mierda, me he quedado dormido” pensé mientras me levantaba a comprobar el estado de mis posesiones. Algún animal había destrozado la mochila por completo, seguramente atraído por el olor de mis provisiones. Y por lo que veía esa bestia había alcanzado su objetivo, bueno, por lo menos había dejado intactos algunos pergaminos y los ingredientes.
Arreglé la mochila ayudándome de un poco de magia, y me acordé de mis camisetas llenas de chinas. Eso hizo que recordase a mis compañeros, y a Tybalt! Busqué la brújula, saqué las cenizas del bolsillo del cinto y repetí el conjuro. Si el animalillo que me había robado la comida seguía cerca, la maldición que proferí al mirar la brújula lo espantó seguro. Tybalt seguía en la misma dirección, ¡pero me había sacado una ventaja increíble! Según el mapa ya estaría en las montañas que se divisaban a lo lejos. Emprendí la marcha, cuando estaba anocheciendo ya había llegado hasta los bosques colindantes a las montañas.
El sol se había puesto una hora atrás. Caminaba por una zona del bosque mas o menos despejada, intentando mantenerme alerta al mínimo ruido, pues un par de horas antes había encontrado numerosas pisadas cerca de un charco de sangre. Parecía que alguien hubiese abatido un animal en la zona y luego se lo hubiera llevado. Normalmente no me preocuparía, pero estaba demasiado lejos de cualquier asentamiento civilizado como para que hubiera cazadores por la zona, y este bosque tampoco parecía tener muy buena caza. En ese momento una saeta surcó el aire rozando mi cuello, y un hilillo de sangre comenzó a manar de la herida, acto reflejo esparcí el puñado de polvo que tenía preparado en el bolsillo y el conjuro estaba activado.
¡Ja! Iban a necesitar algo mas que flechas. Canté victoria demasiado pronto, pues acto seguido un hombre de aspecto sucio y decadente me salto al paso blandiendo una espada y pude ver como de las copas de los árboles asomaban algunas ballestas.
- No te atrevas a intentar otro truco, mago, o morirás ahora mismo- fue el saludo del hombre harapiento. Al que le siguió una saeta que silbó por el aire hacia mi espalda, y justo antes de impactar se desvió como empujada por un fuerte viento.
- Me pregunto cuantas flechas podrá parar tu magia, dame todo lo que lleves, o pronto lo comprobaremos- me amanazó el asaltante.
- Esta bien, tomad - dije tendiéndole mi bolsa de oro.
- Los objetos mágicos también - miró al bastón y al emblema que pendía de mi cuello – Tíralos al suelo.
Me incline levemente para depositar el bastón en el suelo, haciendo lo posible para que mi rostro no reflejase mis intenciones. Tenía que actuar rápido, no estaba seguro de que el muro de viento pudiese detener más de uno o dos proyectiles. Cuando pareció que iba a depositar el bastón una sola palabra de mando hizo brotar un chorro de fuerza del bastón, y el asaltante salió despedido por los aires. Corrí tan rápido como pude, pisando las costillas del hombre derribado en mi carrera. Las saetas silbaban a mi alrededor y percibí como unas cuantas eran desviadas. Una impactó en mi gemelo, y la siguiente zancada fue tan dolorosa que me desplomé al no poder aguantar mi peso con el gemelo herido. Me di la vuelta a tiempo para ver como dos saetas mas eran desviadas por el viento y con toda la presteza que me fue posible saque la bola de guano de el cinto y musité las palabras. Un segundo proyectil hizo impacto, esta vez en el brazo, pero demasiado tarde para frustrar el conjuro. Una esfera de fuego y roca fundida salió despedida de mis manos en dirección a los árboles de donde venían los disparos, impactó en las copas con una ruidosa explosión que destruyó la vegetación en el circulo, produciendo una lluvia de fragmentos incandescentes. Cuando la luz cesó pude ver los cadáveres abrasados de 4 hombres en el suelo, junto a las cenizas de la vegetación.
Me levanté como pude del suelo, la flecha del gemelo había entrado limpiamente, pero del brazo y del cuello manaba la sangre. Puse de por medio tanta distancia como fui capaz, pidiendo a la urdimbre que no hubiera mas proscritos, o en caso de haberlos, que no hubieran visto la explosión. Iluso. Cuando me creí lo suficientemente lejos me tendí en el suelo a curarme las heridas con algunos ungüentos que llevaba de la torre arcana. Viendo la herida del gemelo comprendí que esta noche debería descansar, y solo me quedaban fuerzas para un conjuro más. Conjuré un camuflaje improvisado, confiando en que no hubiera bandoleros con conocimientos mágicos, e intenté dormir para recuperar las fuerzas perdidas, tanto físicas como mágicas. Esperaba sinceramente que Tybalt no me hubiera sacado más ventaja.
Arreglé la mochila ayudándome de un poco de magia, y me acordé de mis camisetas llenas de chinas. Eso hizo que recordase a mis compañeros, y a Tybalt! Busqué la brújula, saqué las cenizas del bolsillo del cinto y repetí el conjuro. Si el animalillo que me había robado la comida seguía cerca, la maldición que proferí al mirar la brújula lo espantó seguro. Tybalt seguía en la misma dirección, ¡pero me había sacado una ventaja increíble! Según el mapa ya estaría en las montañas que se divisaban a lo lejos. Emprendí la marcha, cuando estaba anocheciendo ya había llegado hasta los bosques colindantes a las montañas.
El sol se había puesto una hora atrás. Caminaba por una zona del bosque mas o menos despejada, intentando mantenerme alerta al mínimo ruido, pues un par de horas antes había encontrado numerosas pisadas cerca de un charco de sangre. Parecía que alguien hubiese abatido un animal en la zona y luego se lo hubiera llevado. Normalmente no me preocuparía, pero estaba demasiado lejos de cualquier asentamiento civilizado como para que hubiera cazadores por la zona, y este bosque tampoco parecía tener muy buena caza. En ese momento una saeta surcó el aire rozando mi cuello, y un hilillo de sangre comenzó a manar de la herida, acto reflejo esparcí el puñado de polvo que tenía preparado en el bolsillo y el conjuro estaba activado.
¡Ja! Iban a necesitar algo mas que flechas. Canté victoria demasiado pronto, pues acto seguido un hombre de aspecto sucio y decadente me salto al paso blandiendo una espada y pude ver como de las copas de los árboles asomaban algunas ballestas.
- No te atrevas a intentar otro truco, mago, o morirás ahora mismo- fue el saludo del hombre harapiento. Al que le siguió una saeta que silbó por el aire hacia mi espalda, y justo antes de impactar se desvió como empujada por un fuerte viento.
- Me pregunto cuantas flechas podrá parar tu magia, dame todo lo que lleves, o pronto lo comprobaremos- me amanazó el asaltante.
- Esta bien, tomad - dije tendiéndole mi bolsa de oro.
- Los objetos mágicos también - miró al bastón y al emblema que pendía de mi cuello – Tíralos al suelo.
Me incline levemente para depositar el bastón en el suelo, haciendo lo posible para que mi rostro no reflejase mis intenciones. Tenía que actuar rápido, no estaba seguro de que el muro de viento pudiese detener más de uno o dos proyectiles. Cuando pareció que iba a depositar el bastón una sola palabra de mando hizo brotar un chorro de fuerza del bastón, y el asaltante salió despedido por los aires. Corrí tan rápido como pude, pisando las costillas del hombre derribado en mi carrera. Las saetas silbaban a mi alrededor y percibí como unas cuantas eran desviadas. Una impactó en mi gemelo, y la siguiente zancada fue tan dolorosa que me desplomé al no poder aguantar mi peso con el gemelo herido. Me di la vuelta a tiempo para ver como dos saetas mas eran desviadas por el viento y con toda la presteza que me fue posible saque la bola de guano de el cinto y musité las palabras. Un segundo proyectil hizo impacto, esta vez en el brazo, pero demasiado tarde para frustrar el conjuro. Una esfera de fuego y roca fundida salió despedida de mis manos en dirección a los árboles de donde venían los disparos, impactó en las copas con una ruidosa explosión que destruyó la vegetación en el circulo, produciendo una lluvia de fragmentos incandescentes. Cuando la luz cesó pude ver los cadáveres abrasados de 4 hombres en el suelo, junto a las cenizas de la vegetación.
Me levanté como pude del suelo, la flecha del gemelo había entrado limpiamente, pero del brazo y del cuello manaba la sangre. Puse de por medio tanta distancia como fui capaz, pidiendo a la urdimbre que no hubiera mas proscritos, o en caso de haberlos, que no hubieran visto la explosión. Iluso. Cuando me creí lo suficientemente lejos me tendí en el suelo a curarme las heridas con algunos ungüentos que llevaba de la torre arcana. Viendo la herida del gemelo comprendí que esta noche debería descansar, y solo me quedaban fuerzas para un conjuro más. Conjuré un camuflaje improvisado, confiando en que no hubiera bandoleros con conocimientos mágicos, e intenté dormir para recuperar las fuerzas perdidas, tanto físicas como mágicas. Esperaba sinceramente que Tybalt no me hubiera sacado más ventaja.