22/5/09

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Aquella mujer cayó al suelo mientras Valle desmembraba a los mercenarios que habían intentado violarla. No podía ser... No, era imposible. ¿Sería acaso Lorena? ¿O mi subconsciente me había vuelto a engañar otra vez? Me acerqué poco a poco, las piezas de la armadura emitían un sonido metálico que resonaba ante el silencio de la escena posterior a una batalla. Cuando llegué, observé aquel cuerpo inerte, tumbado en el frío suelo. En su vestido había una mezcla extraña entre marrón y rojo, Valle la olisqueaba, esperando una orden.
-Quieto chico, a ella no, a ella nunca -dije en voz baja, en mi lengua natal.
Acto seguido me agaché, alargando la mano como si no creyera ver lo que ante mí se exponía. Una vez en el suelo aparte el pelo de su rostro, estaba muy cambiada. Me quedé observándola varios minutos. Después la recogí y llamé a uno de mis guardias personales.
-¡Gramtor! -Grité en la lengua orca- Entra en una de esas casuchas y recoge algún vestido, ¡rápido!
El orco no daba crédito a lo que oía, pero sin valor para contrariar a su general, fue directo a una de las pequeñas casas elfas de donde sacó un puñado de vestidos, algunos con nombre bordado.

Caminé unos metros con mi guardia al lado mientras me refería el informe de la misión que ignoré completamente.
-Hemos barrido toda la ciudad, mi señor; el último reducto ha sido aniquilado y el rey ha muerto por no claudicar -dijo solemnemente. Aunque fueran toscos, los orcos respetaban el honor y el orgullo de aquellos que no se rendían ni ante la muerte.
-Bien, espero que mujeres y niños estén bien -dije, sondeando al orco.
-Sí, señor, los hemos colocado en las caravanas para trasportarlos al castillo, no han sido tocados, excepto en un caso, pero esos sucios mercenarios no volverán a tocar, al menos con las manos -dijo, orgulloso de seguir el mandato de su general.
-Me alegra, ¿ha escapado gente? -Pregunté, mientras rodeábamos el cuerpo consumido por las llamas de una de aquellas criaturas que yo conocía por el nombre de ent.
-Sí, señor, muchos se refugiaron en las montañas, de todas formas sólo mujeres y niños y algún varón inútil -respondió sin darle importancia
-Id en su búsqueda, traedlos a todos, no quiero que escape nadie -fue mi sentencia- quiero que nuestros enemigos vean que cuando pasamos por una ciudad, esta y sus ciudadanos se desvanecen en un mar de llamas y sangre.
-Sí, mi señor, como mandes -El orco salió corriendo a repartir las ordenes.
-Muy bien obrado, general -una voz siseante habló a mis espaldas
-Kleot -dije, dirigiéndome al elfo oscuro que ostentaba el puesto de jefe de la torre de hechicería- odio que aparezcas de la nada y lo sabes, algún día cortaré tu oscura cabeza -dije, no sólo refiriéndome a su tono de piel.
-Sois de lo mas ingenioso, mi general -dijo entre risas- ¿y esa manceba que lleváis entre brazos?

Mi espada salió de su vaina y antes de que pudiera conjurar una protección, la hoja presionaba su cuello, cuando me di cuenta todo acababa de irse al traste.
-Cuidado con lo que dices, no recojo mancebas del suelo -respondí, intentando parecer que no me importaba, no podían saber aquello o la atacarían.
-Perdón mi señor, no era mi intención ofenderle -debatió el drow mientras retiraba la hoja- ¿y esa virginal doncella que lleváis en los brazos? -Corrigió, regocijándose en su frase
-Me gusta, me divertirá mis noches de soledad, no me gustan vuestras hercúleas hembras -dije, aludiendo a un adjetivo que el drow no comprendió
-¿Hercúleas mi señor? -dijo confundido
-Da igual, déjalo, no me gustan ese tipo de mujeres.

El drow asintió y despidiéndose con una reverencia propia de mi grado, se fue evaporándose en el aire
-Le odio... - mi mirada se posó en Lorena que yacía dormida entre mis brazos, como una muñequita de porcelana, parecía frágil, apunto de romperse.

Caminé unos metros más hasta llegar a una casa que me pareció suficiente, entonces entré, pasando por encima de la puerta que había sido volcada, era una casa enorme, quizás de algún noble o algo así. Fui directo hacia el baño y llené la bañera, después desnudé a Lorena, la miré de arriba abajo, recordando sus formas, recordando momentos, sonreí para mis adentros, era la primera vez que sonreía desde que encontré a Valle.
La metí dentro del agua y marché al dormitorio a quitarme la armadura y ponerme algunas ropas élficas que había por allí, Valle se acomodó al lado de la alfombra, tumbándose, pero atento a las visitas.

//off: Como os poenis en cuanto tardo unas semanitas de mas T.T, si siempre acabo escribiendo, sois unos impacientes >.< //