27/1/09

Neptune

¡Esperad! –Gritaba desesperada, a la nada, mientras corría en el vacío- ¡Esperad! ¡No me dejéis sola!” Titiriritiriti…

Me sobresalté al escuchar el sonido de llamada del móvil. Alcé la mano por encima de mi cabeza, tanteando la estantería en busca del maldito aparatito y cuando lo cogí, me lo llevé a la oreja, abriéndolo.

-¿Siiiiii? –Pregunté con voz pastosa. El sueño me había dejado un mal sabor de boca.

-Buenos días, marmotita –era Carlos, mi chico. Desde que empezamos a salir juntos había cogido la costumbre de llamarme así, visto que me dormía a todas horas- ¿Sabes qué hora es?

-No… ¿qué hora es? –Pregunté, rascándome la cabeza y entreabriendo un ojo legañoso, cegado por la luz del día.

-Las once y media –respondió con voz enfadada. Mierda, había vuelto a dormirme ¿para qué diablos sirve el despertador de esta mierda de móvil si nunca suena a su hora? Me incorporé de golpe y comencé a apartar las sábanas.

-¿¡No jod… -me detuve, quería quitarme el vicio de decir palabrotas- fastidies!?

-No, es broma, son las diez y veinte –comenzó a reírse con su risa tan particular, parecida a la de “Pulgoso” el perro de los Autos Locos- Pero date prisa.

-Serás capullo –le respondí, relajándome y olvidando la promesa de la abolición de tacos en mi vocabulario.

-Venga, te veo allí cariño, te quiero.

-Y yo a ti… idiota.

Cerré el móvil con su sonido de reloj característico (Donggg) y me volví a rascar la cabeza, mientras bostezaba. Vaya mierda de sueño…

Descolgué una pierna por el borde de la cama y me precipité al vacío, dándome cuenta demasiado tarde de que tenía la otra enredada entre las sábanas, con el divertido resultado de caer de bocas al suelo, sólo amortiguando el golpe con los brazos y la rodilla de la pierna libre.

Me levanté, quejándome y cojeando, y cogí unas braguitas limpias, la falda de caballitos que tanto me gustaba, la enagua, una camisa negra que el año anterior me había regalado Carlos y dos lacitos negros con cerecitas para el cabello.

Me fui hacia el cuarto de baño, bostezando, y me metí en la ducha. La temperatura era perfecta.

Al salir el frío contraste del viento que entraba por la ventana del pasillo y mi temperatura corporal fue muy fuerte y me puse a tiritar, encogida bajo el albornoz. Aproveché mi hipotermia temporal para ponerme crema hidratante por todo el cuerpo y luego la crema para los granitos de la cara.

Me puse las braguitas, la enagua y la falda (por ese orden) y luego me abotoné la camisa. No me apetecía secarme el pelo, así que me decanté por hacerme dos coletas bajas y adornarlas con los lacitos de cerezas.

Fui a la cocina a desayunar algo para variar, pero como no me apetecía hacerme nada complicado, me decidí por ponerme un vaso de zumo de arándanos y arreando.

Me giré observando la cocina y al posar la vista sobre el reloj el zumo quiso iniciar una travesía desde mi garganta hasta mi nariz para salir por ella. Conseguí contener aquel pronto tan desagradable y, dejando el vaso sobre la encimera, corrí de nuevo al baño.

No había terminado de tragar el zumo cuando comencé a lavarme los dientes con prisa, salpicando el espejo de pasta de dientes, mientras con la otra mano me ponía desodorante y colonia y comenzaba a secarme la cara (sí, antes de escupir) para comenzar a maquillarme sobre una base seca.

Cuando todas las pinturas se ubicaron perfectamente en mi cara, corrí hacia la entrada para ponerme las sandalias.

-Como me hagáis daño este año también, os coseré un forro de peluche. Quedáis avisadas, par de putas. Ay, qué bonitas que sois –no pude evitarlo, no podía ponerme severa con ellas, eran taaaan bonitas.

Cogí la mochila negra con hibiscos, metí dentro el Fairy Tale, el móvil, la cartera, un lápiz de labios, el desodorante, un boli y una libretita, la funda con las gafas dentro, las pastis de matar óvulos y una botellita de agua y corrí de nuevo hacia la habitación para coger mi sombrilla blanca.

Me despedí con un rápido “adiós” de mi perra y, cogiendo las llaves, salí a toda prisa, cerrando a mi espalda.

Corrí hacia el ascensor poniéndome la mochila a la espalda y una vez en la calle, abrí la sombrilla y continué corriendo hacia el centro. En mi situación, cualquier persona normal habría cogido el metro para llegar antes. Pero yo no, jah.

A los veinte minutos o así, llegué a la estatua del torero, donde ya esperaban todos.

Abracé a Isi en plan osa amorosa, le di un beso a Pilu y dos a Tybalt y me dispuse a saludar con un tórrido beso de buenos días a Carlos.

Sin embargo, el sueño me había dejado una sensación extraña…

OUT// Sí, lo sé, Carlos no le pega nada, pero por el bien de las apariencias en nuestra familia, me tuve que acostumbrar a llamarle así xD y ahora no me sale llamarle More xD

Bueno, este es el segundo post *-* y sí, así son mis mañanas en vacaciones, con ligeras variantes como: la perra se ha hecho pis/caca en el pasillo, o me despierta mi padre en lugar de More o me pongo vaqueros en lugar de una faldita. Eso sí, las sandalias me hacen daño siempre (Putas… pero son tan lindas T_T).