9/2/09

Tybalt

El iridiscente vórtice ejercía ante mí una hegemónica fuerza. Yo de espaldas trataba que mi amada Pilu huyera de allí. Cada vez la veía más lejos, mientras una oscura niebla cerraba mis ojos. Todo daba vueltas a mi alrededor. Me sentía caer. Era como un extraño sueño. Mi mente se agitaba como la mar revuelta buscandole algún sentido lógico a todo esto. ¿Era de verdad un sueño? Me pareció bastante real el caminar por la calle, el charlar con mis amigos, los besos de Pilu...

Nunca me ha gustado caer. Es una de mis pesadillas más odiadas, al igual que escalar y no poder bajar. Cada vez caía a más velocidad y me empezaba a embargar el miedo. Mi pulso se aceleraba y respiraba rápidamente. Los colores volvieron. Mezclandose en el remolino, pero ninguno tenía sentido. Cerré los ojos con fuerza otra vez. Y me sentí como al salir de un tobogán en un parque acuático. Un impulso hacia el vacío. Agité los brazos buscando algo a lo que aferrarme en vano. Tenía la fugaz esperanza de caer al agua, pero se evaporó al golpear mi espalda contra algo duro. Momento en el cual volví a abrir los ojos por fuerza viendo un cielo azul completamente raso.

Después del primero siguieron varios, a cada cual más doloroso. Era yo, cayendo entre las ramas de un gran árbol desde una altura más que considerable. Lo peor fue dejar de caer. El suelo hizo que una de las ramas que arrastraba con mi caída se me clavara profundamente. Mi cabeza daba vueltas por el mareo del vórtice y sobre todo por la conmoción. No me podía levantar. Creo que me había roto las piernas y puede que los brazos también. Y estaba seguro que mi cabeza perdía sangre por una brecha abierta. No se cuanto aguanté consciente ni cuando me desmayé. Solo recuerdo el llorar amargamente en una mezcla de dolor, incomprensión y desesperación. Deseando despertar de aquel horrible sueño.

Volví a soñar. Esta vez con verdes bosques por los que buscaba al zorro que me había robado el almuerzo, ¿o era un oso? El sol brillaba y me encontraba con Pilu, que me traía la comida robada. Tenía un montón de caramelos. Al rato aparecía el resto de gente y saltaban a la comba. Y yo me reía. Todo era terriblemente cursi, esto si, era un sueño.

Desperté deseoso de encontrar el confort y la seguridad de mi cuarto, pese a saberme durmiendo con Pilu en casa de Juan. Pero no fue ninguna de las dos cosas. Ví un desvencijado techo en el cual seguro que había goteras y un catre bastante duro. (Posteriormente supe que era de algunas plumas, algo de paja y hojas secas, sobre un tablón de madera). Todavía estaba muy desorientado. Me dolían los miembros y la cabeza tenuemente.

La caída fue real...