5/4/09

Neptune

La mañana que hacía el tercer año que estaba allí me despertó el cercano sonido de tambores. Extrañada, me vestí con prisa y salí al pasillo, descalza.

-¿Qué está pasando? –Pregunté en un ya fluido élfico, deteniendo a una elfa que llevaba un bebé en brazos.

-¡Nos atacan, los orcos, los dragones! –Respondió ella, emprendiendo la huida de nuevo.

Me quedé parada en la puerta ¿Una guerra? ¿Contra los elfos? ¿Contra aquel apacible y bondadoso pueblo? ¿Por qué?

De pronto Alassë me cogió y corrimos hacia la salida.

-¿A dónde vamos? –Le pregunté, jadeando.

-Van a invadir la ciudad de un momento a otro –respondió ella, bajando las escaleras a trompicones- nos internaremos en el bosque, los Ents nos protegerán hasta que lleguemos a nuestro refugio en las montañas.

-¿¡A las montañas!? –Exclamé, deteniéndome y siendo empujada por otras elfas y niños que corrían a mi espalda- ¡Voy en seguida!

-¡Nessa! –Me gritó Alassë, al ver que comenzaba a subir las escaleras contra la corriente- ¡Vuelve, no te dará tiempo a huir, ya están aquí!

Haciendo caso omiso a sus palabras, regresé a mi habitación tan rápido como pude, mientras escuchaba los gritos de los orcos y los tambores de guerra cada vez más cerca. Dios, estaba tan nerviosa, lo que estaba haciendo era realmente peligroso, pero no podía irme sin mi caja de música.

Entré como una loca y lo único que se me ocurrió fue cerrar la puerta a mi espalda para amortiguar los gritos. Abrí el armario, tirando al suelo todos mis vestidos, hasta dar con la caja de madera donde guardaba el collar de perro que me regaló Carlos, el collar que le robé a él con las letras de “More”, el móvil, las llaves de mi casa y la cartera con las fotos.

Me puse la caja debajo del brazo y abrí la puerta para correr hacia el bosque donde me había dicho Alassë. Sin embargo, al mirar por una de las ventanas vi que el patio interior ya había sido tomado, y reprimiendo las ganas de gritar de terror, -pues era la primera vez que veía un orco que no fuera dibujado sobre papel- corrí en dirección contraria, sin saber muy bien a dónde ir.

Ya no quedaba nadie en toda la ciudad, por lo menos nadie que no fuera un elfo guerrero o los enemigos.

Correteé por los pasillos, buscando algún lugar donde esconderme, cuando comencé a escuchar las pisadas de los orcos, y, sobre todo, a olerlos. Olían a vertedero municipal, y eso que nunca había estado en ninguno.

Me oculté tras unas cortinas, tratando que estas me taparan los pies, y los repugnantes seres antropomórficos pasaron de largo. Cuando respiré de alivio, alguien apartó las cortinas.

Al alzar la mirada, sorprendida, me encontré con los ojos de un humano de piel curtida y ropajes toscos, que sonrió y, sin darme tiempo a decir ni “esta boca es mía”, me cogió del pelo y me arrastró junto al resto de hombres. Supuse que se trataba de mercenarios bárbaros.

Comenzaron a hablar en común, diciendo lo mucho que les apetecía tirarse a una elfa.

-¡No soy una elfa! –Grité, resistiéndome y tirando al suelo la caja de música en el forcejeo. Esta se rompió, desperdigando su contenido por el suelo.

-Es verdad, es humana, mira las tetas que tiene –dijo uno, alargando una mano para tocar a la aludida.

Cerré los ojos ¿qué podía hacer? Por dios, que alguien me socorriera, no quería morir así, y sin haberlos visto por lo menos una vez en aquel mundo.



OUT: Por fin he conseguido colgar el dichoso post xD hala, a partir de aquí nos encontramos todos.