4/4/09

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La conversación que tuve con la general prefiero olvidarla, doblegaron mi mente y mi voluntad haciéndome un títere. Cuando salí ya no era el mismo y en el fondo sabia que nunca llegaría a serlo, aquella mujer no doblego mi espíritu cabe decir, pero consiguió convencerme de que ayudarles era la mejor forma de encontrarla. Así pues al salir de la habitación lo hice no ya como carlos sino como miembro del ejercito de Takishis la Diosa Oscura. Los drows me condujeron por los sinuosos pasillos de castillo, de piedra antigua y humedecidos por el clima según pensé en el momento y verifiqué mas tarde.
Al poco nos detuvimos ante una puerta, el olor a carne quemada llenaba mis fosas nasales mareándome si no hubiera sido porque tenia el estomago vacío seguramente lo hubiera vaciado allí mismo. Abrieron la puerta y se encontró ante mi una pequeña sala, en el centro reinaba una mesa metálica con sujeciones para muñecas y tobillos, al lado derecho un pequeño horno despedía un calor sofocante, avivándolo, un orco, que me miraba de arriba abajo sin prestar atención. Los drows forcejearon conmigo para llevarme a la camilla, esta todavía contenía sangre reseca y quemada, aunque mis esfuerzos fueron constantes, entre 3 drows y el orco consiguieron tumbarme y colocarme las argollas. El orco masculló unas frases en un idioma ilegible y saco del fuego un objeto metálico al rojo vivo, el cual dibujaba la forma de un dragón. Grité que no, que me dejaran que no quería aquello, después un dolor inmenso y un olor a carne quemada volvieron a inundar mi nariz, esta mas vez mas fuerte, mas cerca, después de eso no vi nada mas.

Después de eso mi vida en el castillo se volvió monótona casi aburrida, aprendí torpemente a leer y escribir, tanto en su común, como en infracomún aunque sin duda el idioma que mejor se me dio fue el orco. Me adiestraron en las formas de combate drow, muy estilizadas y letales así como el arte de la lucha de los orcos mucho mas vulgar, con mas furia, rabia, mas ansias de combate. Los drows intentaron instruirme en la magia aunque resulto inútil pues solía desaparecer en las clases para practicar con la espada, cosa que hizo que no aprendiera mas que un par de conjuros básicos para la supervivencia. Mis días se hacían eternos, dedicaba mis Dias a entrenar mi cuerpo y mi mente, luchaba contra los orcos tratándolos como enemigos de igual categoría, lo que les agrado pues profesaba por ellos cierta admiración y un trato que nadie les había dado. Además solía ir a las montañas del norte a recorrer terreno y las estepas del sur, donde acampaban la mayoría de las tribus orcas, estos caminos me ocupaban semanas. En uno de esos viajes al norte, había perdido mi equipo y no me acompañaba mas que una pequeña espada corta, una manta de viaje y algunos víveres. Llevaba andando una semana, cansado y dolorido, entonces vislumbre algo en la nieve, un pequeño bulto que temblaba. Me acerqué, pues no distinguía desde la lejanía que era eso, pues parecía tener el color de la nieve, entonces lo ví, entre la nieve temblando de frío un pequeño huargo blanco. Los huargos eran una especie de lobo, mucho mas grande pues solían medir el metro de altura, que los orcos usaban (o al menos una de sus especies de las estepas, los wargos) para montar y cazar. Cogí a aquel pequeño entre mis brazos y como si alguien guiara mis pasos conseguí llegar hasta el castillo, en mucho menos tiempo del que normalmente hacia. Aquel pequeño fue mi salvación, los orcos no paraban de vaticinar que traería mala suerte, pues aquel era un huargo albino de ojos rojizos y aquello según los espíritus, era un signo de mala suerte. El pequeño valle, como le llamé yo, para no olvidar mis raíces, crecía rápidamente y a los 3 meses ya no podía dormir conmigo pues había alcanzado un tamaño considerable. Solía llevar a valle en mis caminatas y los orcos siempre se apartaban cuando lo veían pues temían su mala suerte y lo que esta significaba. Así en uno de mis viajes al sur, cuando exploraba un lugar habitado por orcos encontré, atado a la casa del jefe el pequeño parasol de lorena...no, no podía ser el suyo. Corrí hasta el pero un par de orcos me cortaron el paso, según ellos aquello era propiedad del líder de la tribu. Intente por todos los métodos decirles que me lo dieran que me dijeran de donde lo habían sacado. Así pues tuve que retar al jefe a un combate por la tribu, para tener alguna oportunidad...Los orcos rieron, carcajearon, su jefe era un gran guerrero vencedor en miles de lides, yo, un simple humano con una espada corta que venía a desafiarlo. Aquel combate fue una sorpresa para muchos incluso para mi. Quizá fuera la adrenalina que forzó mi cuerpo, pero derrote a aquella mole de 120 kg incrustando mi espada, después de aguantar sus duros embates con el hacha, en su cráneo. Así me convertí en líder de una de las tribus orcas, aunque aquello fuera en contra de algunos de sus dogmas. Tenía una pista y no podía desaprovecharla, lorena estaba en ese mundo. Los orcos me dijeron que lo encontraron cerca del bosque de los elfos, y creyeron que seria alguna reliquia suya así que la llevaron a modo de trofeo. En poco urdí mi plan, había subido de categoría cogiendo el rango de capitán tras mi entrenamiento y demostrando mis dotes de mando. Entonces, en uno de los torneos que se hacían, rete a la general. Cabe decir que era una mujer estúpida, que se vanagloriaba de cada uno de sus actos y despreciaba al resto como escoria, así pues, solo me hizo falta picar esa parte de ella para que accediera, los drows me habían entrenado durante 1 año en el escuadrón de interrogatorios y sabía perfectamente como alterar a las personas. El combate fue rápido, era fuerte pero yo lo era mas y como había descubierto desde mi llegada, mis habilidades sobrepasaban abiertamente a la media de las razas que allí habitaban, incluso a sus mejores exponentes. Así pues me proclame general del ejercito que habitaba en el castillo, dando posiciones a los orcos según merecían y quitando a varios drows pues estos eran mas dados a la traición hasta con sus congeneres.
Así, bajo el mandato del Señor Oscuro, brazo derecho de la Diosa de la oscuridad, empecé a comandar las tropas que cada vez mas tenían oficiales orcos, enseñándoles formaciones y entrenándoles. Así pasaron 3 años...

Me había levantado pronto, los sirvientes me habían traído el desayuno y Valle comía golosamente un pequeño cervatillo que le habían traído, le gustaba mas cazar pero no teníamos tiempo. Me coloque la armadura, y enarbolé el arma que había hecho construir para mi, una espada bastarda, encantada mágicamente por el señor oscuro, era capaz de partir piedra y acero como de un fino papel se tratase. Salí de la tienda, mas adelante se levantaban los bosques élficos y la ciudad que debíamos asediar, los orcos tocaron los cuernos de guerra, las armas de asedio se tensaron y subido a valle le hice correr hacia las puertas de aquella ciudadela.

//off: mientras nep duerme cuelgo esto, para que se despierte con buena cara y me diga que soy un buen novio...pero seguro que me dira..ya era hora! y me quitara la ilusion XDDD un saludo!!//