9/5/09
Isi
Solo pude estar dos días en kendermore, pero fueron los mas desquiciantes y divertidos del viaje, a la hora de estar allí había perdido casi todos mis componentes de conjuros, y el bastón de la orden. Con los pocos componentes que me quedaban y no poco esfuerzo logré idear un conjuro de adivinación para conocer el paradero de mis posesiones, y Yerbabuena se comprometió a ayudarme tras devolverme algunos de mis componentes, jurando que los me los guardaba para evitar que también los extraviase. Según mis averiguaciones los componentes y el bastón estaban en manos de un tal Voltereta, un primo lejano de Yerbabuena; la parte realmente difícil fue encontrar la casa del primo, estuvimos horas dando vueltas por calles con una arquitectura de lo mas peculiar, algunas partes de la ciudad estaban en construcción, otras tenían unos edificios de aspecto…”inestable”, y por todas partes había kenders pululando aquí y allá, que se paraban a conversar con yerbabuena constantemente. Me dio la sensación de que anduvimos durante días, y me dio la sensación de que no teníamos rumbo, aunque no estaba seguro por que era imposible orientarse en aquel caos. Pero cuando creía que ya no podría seguir escuchando mas frases como “es por aquí, estoy seguro”, o “tranquilo, esta vez es la dirección correcta, ¡confía en mí!”, acabamos averiguando que el tal Voltereta había ido a la cárcel por que decía que empezaba a cansarse de la vida en la villa y le apetecía cambiar de aires. Había leído sobre la cárcel de kendermore, y sabía que era casi imposible encontrar a alguien allí dentro… así que cuando nos lo dijo, la poca cordura que me quedaba estuvo a punto de desvanecerse, así como mi animo, por lo que casi renuncio a encontrar nada; yerbabuena me recordó por que kendermore había sido la primera parada de mi viaje impidiendo que me rindiera, aunque su método fuese obligarme a perseguirle hasta el interior de la cárcel para recuperar mi dinero.
La cárcel de kendermore era…, no se si llamarlo cárcel la verdad, los kenders pululaban a sus anchas por los pasillos, entrando y saliendo cuando les venía en gana, daba la sensación que estuviesen en un parque de atracciones de felicidad. Otra característica del lugar eran los innumerables pasadizos, trampas, puertas dobles, puertas secretas, laberintos y cosas por el estilo que escondía. Cuando salí de mi asombro recordé a que había venido y empezamos la búsqueda de Voltereta, rezando para que no hubiese decidido cambiar otra vez de aires. Y tal y como me esperaba, volvimos a la dinámica anterior, tras un rato en aquel laberinto estaba desorientado por completo, y solo me quedaba seguir a Yerbabuena, que parecía mas interesado en explorar el lugar y conversar con los otros kenders que en encontrar al actual propietario de mis pertenencias. Pero no podía rendirme, los componentes podía volver a recolectarlos, pero el bastón no, era mi símbolo de iniciación en la orden, y no iba a renunciar a el.
Perdí la cuenta del tiempo que había pasado, pero mis tripas no, y empezaron a rugir pronto, estaba agotado y necesitaba sentarme a descansar y comer algo, no me atrevía a dormir en aquel lugar, pero por lo menos hicimos un alto para comer algo.
Y fue entonces, cuando estábamos sentados disfrutando juntos de una botella de sidra, cuando en la sala entro un kender que portaba mi bastón. Haciendo caso omiso de mis reproches se puso a comentar con Yerbabuena lo excelente que era ese bastón que había encontrado mientras ambos desparramaban el contenido de sus bolsas por el suelo y lo comparaban. Finalmente el kender accedió a devolverme el bastón y nos acompaño hasta la salida, no sin antes dar unas cuantas vueltas más por el recinto.
Cuando salimos a el exterior me di cuenta del tiempo que había pasado, llevaba en este pueblo dos días y estaba agotado, no habíamos parado ni a dormir. Voltereta me invito amablemente a dormir en su casa y allí la suerte me dedico un guiño, pues resultó que el kender era un experto en atajos, y aseguraba que conocía un camino para cruzar los montes que habitaban los enanos sin necesidad de recorrerlos por dentro, al principio no me inspiro demasiada confianza, pero cuando me enseño los mapas y comprobé que no habían sido trazados por un kender mis esperanzas aumentaron, podría llegar a las tierras élficas en apenas 1 día de viaje, y allí quizá averiguase algo sobre mis amigos, caí en cuanto los echaba de menos.
Esa misma mañana me prepare y partí de kendermore, aunque los dos días allí fueron duros, me hubiera gustado pasar mas tiempo, pero también quería ir en busca de mis compañeros, me había pasado toda la noche soñando con ellos, y durante el día ocuparon mis pensamientos, me preguntaba que tal les habría ido, si estarían bien, y que cosas habrían visto y hecho. Lo mas duro fue despedirme de Yerbabuena, llevaba poco con el, pero le había cogido mucho cariño, aunque a veces quisiera estrangularle.
El viaje fue bastante duro, el “camino” era bastante peligroso, y dudo mucho que lo hubiese encontrado de no ser por las excelentes indicaciones del mapa que me cedió Voltereta. En algunos tramos el camino desaparecía por completo, y había que avanzar por las montañas escarpadas, o por angostas vías subterráneas. Pero el clima acompañaba, y al final conseguí atravesar las montañas, pronto llegaría a las tierras élficas esperaba encontrar un buen cobijo y información sobre el paradero de mis amigos, aunque no me hacía mucha gracia tener que ver elfos, los ambientes refinados nunca habían sido lo mió. ¡Por la urdimbre! seguro que parecería el ser mas patoso del mundo al lado de unas criaturas tan gráciles.
La cárcel de kendermore era…, no se si llamarlo cárcel la verdad, los kenders pululaban a sus anchas por los pasillos, entrando y saliendo cuando les venía en gana, daba la sensación que estuviesen en un parque de atracciones de felicidad. Otra característica del lugar eran los innumerables pasadizos, trampas, puertas dobles, puertas secretas, laberintos y cosas por el estilo que escondía. Cuando salí de mi asombro recordé a que había venido y empezamos la búsqueda de Voltereta, rezando para que no hubiese decidido cambiar otra vez de aires. Y tal y como me esperaba, volvimos a la dinámica anterior, tras un rato en aquel laberinto estaba desorientado por completo, y solo me quedaba seguir a Yerbabuena, que parecía mas interesado en explorar el lugar y conversar con los otros kenders que en encontrar al actual propietario de mis pertenencias. Pero no podía rendirme, los componentes podía volver a recolectarlos, pero el bastón no, era mi símbolo de iniciación en la orden, y no iba a renunciar a el.
Perdí la cuenta del tiempo que había pasado, pero mis tripas no, y empezaron a rugir pronto, estaba agotado y necesitaba sentarme a descansar y comer algo, no me atrevía a dormir en aquel lugar, pero por lo menos hicimos un alto para comer algo.
Y fue entonces, cuando estábamos sentados disfrutando juntos de una botella de sidra, cuando en la sala entro un kender que portaba mi bastón. Haciendo caso omiso de mis reproches se puso a comentar con Yerbabuena lo excelente que era ese bastón que había encontrado mientras ambos desparramaban el contenido de sus bolsas por el suelo y lo comparaban. Finalmente el kender accedió a devolverme el bastón y nos acompaño hasta la salida, no sin antes dar unas cuantas vueltas más por el recinto.
Cuando salimos a el exterior me di cuenta del tiempo que había pasado, llevaba en este pueblo dos días y estaba agotado, no habíamos parado ni a dormir. Voltereta me invito amablemente a dormir en su casa y allí la suerte me dedico un guiño, pues resultó que el kender era un experto en atajos, y aseguraba que conocía un camino para cruzar los montes que habitaban los enanos sin necesidad de recorrerlos por dentro, al principio no me inspiro demasiada confianza, pero cuando me enseño los mapas y comprobé que no habían sido trazados por un kender mis esperanzas aumentaron, podría llegar a las tierras élficas en apenas 1 día de viaje, y allí quizá averiguase algo sobre mis amigos, caí en cuanto los echaba de menos.
Esa misma mañana me prepare y partí de kendermore, aunque los dos días allí fueron duros, me hubiera gustado pasar mas tiempo, pero también quería ir en busca de mis compañeros, me había pasado toda la noche soñando con ellos, y durante el día ocuparon mis pensamientos, me preguntaba que tal les habría ido, si estarían bien, y que cosas habrían visto y hecho. Lo mas duro fue despedirme de Yerbabuena, llevaba poco con el, pero le había cogido mucho cariño, aunque a veces quisiera estrangularle.
El viaje fue bastante duro, el “camino” era bastante peligroso, y dudo mucho que lo hubiese encontrado de no ser por las excelentes indicaciones del mapa que me cedió Voltereta. En algunos tramos el camino desaparecía por completo, y había que avanzar por las montañas escarpadas, o por angostas vías subterráneas. Pero el clima acompañaba, y al final conseguí atravesar las montañas, pronto llegaría a las tierras élficas esperaba encontrar un buen cobijo y información sobre el paradero de mis amigos, aunque no me hacía mucha gracia tener que ver elfos, los ambientes refinados nunca habían sido lo mió. ¡Por la urdimbre! seguro que parecería el ser mas patoso del mundo al lado de unas criaturas tan gráciles.