22/5/09

Neptune

-¡Nep, vamos! -Me llamó Pilu, incitándome a ir hacia el agua de la playa con ella.
-¡Ya voy! -Respondí con alegría, mientras me giraba hacia Isi- ¿Te vienes? Venga.

El chico asintió y se levantó, mientras yo tiraba del brazo de More para obligarle a levantarse. Tybalt y Pilu ya jugaban entre las olas, y la chica le había robado el bañador, por lo que se adivinaba un culete blanco entre la espuma del mar bastante gracioso. Isi se metió en el agua lentamente mientras yo tiraba del cuerpo de More, que tomaba el sol. Sin embargo, su mano estaba muy fría, pese al caliente sol que brillaba sobre nuestras cabezas. Me arrodillé sobre la arena para preguntarle si se encontraba bien, pero no me contestó. Asustada, le zarandeé y pensando que se trataba de una broma, le hice cosquillas, pero no reaccionó.

-¡Carlos, Carlos! -Grité, cada vez más aterrada. Al ver que no me hacía caso, corrí hacia la orilla para llamar a mis amigos, que nadaban lejos, cada vez más lejos- ¡Pilu! -Me interné en el agua, estaba muy caliente- ¡Isi! ¡Tybalt! ¡Está muerto! -Tragué algo de agua y me supo como... metálica. De pronto me di cuenta de que el agua era roja y muy espesa. ¡Estaba nadando en sangre!



Me desperté de golpe en una bañera, salpicando el suelo con algo de agua en el vaivén que había creado al incorporarme. El agua estaba bastante caliente y algo teñida de rojo, seguramente de la sangre que me había salpicado al morir los bárbaros. Me estremecí al recordar aquella horrible visión, que, seguro, me perseguiría durante meses.
Miré a mi alrededor, me encontraba en una de las pocas casas que había a nivel del suelo. Conocía esta de unas pocas veces que había estado de visita para contarles cuentos a los hijos de sus propietarios.
"¡Claro!, -exclamé interiormente- Seguramente me habrán visto tumbada en el suelo y me han rescatado."
Aquello significaba que todo había pasado.
Me puse de pie en la bañera, tiritando al contraste con el agua caliente de la bañera y el ambiente tibio que había en la habitación. Me envolví el cuerpo con una toalla que encontré sobre el lavabo y asomé la cabeza fuera de la puerta del baño, esperando ver a un par de niños correteando por el pasillo.
Sin embargo, lo único que vi fueron un montón de muebles tirados por doquier, y todo su contenido desperdigado por el suelo. Y una armadura negra.
Bueno, en realidad, la parte de la espalda de la armadura, su dueño se encontraba rebuscando en un armario, y un enorme perro-caballo a su lado, tirado sobre la alfombra. Abrió los ojos cuando contuve un grito ahogado y cerré la puerta de golpe, pero sin hacer ruido.

De acuerdo, había sido capturada por un soldado o general o lo que fuera aquello. Aquel huargo había sido el que había matado a los bárbaros, recordaba bien aquel pelaje blanco. Oh, dios, oh dios.
Miré a mi alrededor y sólo ví algunos cepillos para el cabello y un espejo roto. ¿Cómo no me había fijado antes?
Ni rastro de ningún tipo de ropa. Pero había una ventana.

Era un poco estrecha pero me encaramé a la pila de mano y la abrí lentamente, evitando que los postigos chirriaran. Observé que no había nadie cerca y comencé a deslizarme fuera, tratando de no hacer ruido y, sobre todo, que la toalla no se me cayera en el intento y quedara desnuda en mitad de la ciudad arrasada por la batalla.

Cuando ya llevaba medio cuerpo fuera y preparaba los brazos para no irme de bocas al suelo, mis caderas frenaron la caída, pues se atascaron en el marco de la ventana. Apoyé las manos a ambos lados de esta y comencé a hacer fuerza, pero no cedían.
-Por favor, si salís os pongo a régimen, juro que hago ejercicio, por favorr... -gemí, tratando de salir, pero no había manera.

De pronto escuché ladridos dentro de la casa y la puerta del baño abriéndose.
Genial.