26/5/09
Isi
Empezaba a atardecer, el sol tornó rojo para después perderse tras los árboles, dejando un cálido color que perduró en el horizonte unos minutos tras su marcha. Mientras, andaba fatigado por el mismo sendero serpenteante que llevaba todo el día recorriendo. Con la mirada perdida en el horizonte. Era hora de buscar un claro, pronto estaría demasiado oscuro para seguir caminando. Pero justo cuando pensé aquello, pude apreciar las columnas de humo que iniciaban su ascenso hasta el cielo. ¡Bien, una aldea! Seguramente allí podré comprar un caballo, y pronto llegaré a mi destino, pensé convencido de que la suerte me sonreía.
La aldea era muy pequeña, cuando lo comprobé mis ilusiones de hacerme con una montura se desvanecieron, para ser remplazadas instantáneamente por el deseo de una cerveza y una cama confortable. Busqué la posada. El recibimiento no fue precisamente caluroso, pero aún así la cerveza era reconfortante, y la carne sabrosa. Y pronto tuve compañía, una chica muy hermosa. Al empezar a hablar imaginé de que iba la situación, pero no quise ser descortés. Al poco la mujer me pregunto mi nombre, había pensado en adoptar uno más acorde a este mundo, pero deseché la idea con la vana esperanza de que algún día mis amigos lo escuchasen por casualidad.
-Me llamo Isi- dije preparado para la reacción habitual.
-¿En serio?¿Conoces a un hombre llamado Tyablt?- no fue necesario que contestase, mi reacción lo dejó claro – espera un momento, tengo algo para ti-
Se levantó de la mesa y se fue hacía la cocina, los segundos que tardó en volver fueron un torbellino en mi mente.
-Aquí tienes- me tendió una hoja.
La chica se fue al ver que lo único que captaba mi atención en ese momento era la nota. Cuando terminé de leerla el corazón me iba a mil. Le pregunté a la chica si el otro destinatario había aparecido, y su contestación disipó parte de mi esperanza. Y además habían atacado la ciudad donde estaba Nep ¡Mierda, no debí pararme en Kendermore! Bueno, no era momento de recriminarse cosas, tenía una carta escrita por Tybalt, ahora podría encontrarle fácilmente. Averigüé los detalles sobre su marcha y me ánimo saber que solo hacía un día que partió. No había ni un segundo que perder.
Subí a mi habitación y prepare un hechizo de telequinesis para usar el pergamino como canalizador, pero no hubo éxito. Recordé lo que decía la carta sobre una hechicera, quizá ella también usase magia para comunicarse con Tybalt, en ese caso, si el hechizo era fuerte, no podría comunicarme con el hasta pasado un tiempo, y eso si ella no volvía a hacerlo antes. No podía quedarme quieto, habría que conformarse con un hechizo para rastrearle. Saqué la brujula, corte un pedazo de nota y lo quemé mientras pronunciaba las palabras. El humo evocaba la figura de Tybalt, sentí melancolia, cogí los restos y los esparcí sobre la brujula, que inmediatamente apuntó hacía el oeste. Al final no podría satisfacer mis deseos de un sueño cómodo, tenía que salir ya. De todos modos, no habría podido conciliar el sueño.
Partí rumbo oeste, tal y como me había indicado el hechizo de rastreo, mientras observaba un mapa de la zona, según el hechizo, Tybalt no había seguido sendero alguno, iba hacía zona de bosques. Anduve durante toda la noche, y casi todo el día que le siguió. Pero al final tuve que pararme a descansar en un claro del bosque, mis piernas no podían mas, y cada vez que repetía el hechizo Tybalt me sacaba algo más de ventaja. Cuando acabé de comer la carne seca, ni si quiera mi mente llena de preguntas pudo mantenerme despierto, y me quede durmiendo acurrucado al lado de un árbol.
La aldea era muy pequeña, cuando lo comprobé mis ilusiones de hacerme con una montura se desvanecieron, para ser remplazadas instantáneamente por el deseo de una cerveza y una cama confortable. Busqué la posada. El recibimiento no fue precisamente caluroso, pero aún así la cerveza era reconfortante, y la carne sabrosa. Y pronto tuve compañía, una chica muy hermosa. Al empezar a hablar imaginé de que iba la situación, pero no quise ser descortés. Al poco la mujer me pregunto mi nombre, había pensado en adoptar uno más acorde a este mundo, pero deseché la idea con la vana esperanza de que algún día mis amigos lo escuchasen por casualidad.
-Me llamo Isi- dije preparado para la reacción habitual.
-¿En serio?¿Conoces a un hombre llamado Tyablt?- no fue necesario que contestase, mi reacción lo dejó claro – espera un momento, tengo algo para ti-
Se levantó de la mesa y se fue hacía la cocina, los segundos que tardó en volver fueron un torbellino en mi mente.
-Aquí tienes- me tendió una hoja.
La chica se fue al ver que lo único que captaba mi atención en ese momento era la nota. Cuando terminé de leerla el corazón me iba a mil. Le pregunté a la chica si el otro destinatario había aparecido, y su contestación disipó parte de mi esperanza. Y además habían atacado la ciudad donde estaba Nep ¡Mierda, no debí pararme en Kendermore! Bueno, no era momento de recriminarse cosas, tenía una carta escrita por Tybalt, ahora podría encontrarle fácilmente. Averigüé los detalles sobre su marcha y me ánimo saber que solo hacía un día que partió. No había ni un segundo que perder.
Subí a mi habitación y prepare un hechizo de telequinesis para usar el pergamino como canalizador, pero no hubo éxito. Recordé lo que decía la carta sobre una hechicera, quizá ella también usase magia para comunicarse con Tybalt, en ese caso, si el hechizo era fuerte, no podría comunicarme con el hasta pasado un tiempo, y eso si ella no volvía a hacerlo antes. No podía quedarme quieto, habría que conformarse con un hechizo para rastrearle. Saqué la brujula, corte un pedazo de nota y lo quemé mientras pronunciaba las palabras. El humo evocaba la figura de Tybalt, sentí melancolia, cogí los restos y los esparcí sobre la brujula, que inmediatamente apuntó hacía el oeste. Al final no podría satisfacer mis deseos de un sueño cómodo, tenía que salir ya. De todos modos, no habría podido conciliar el sueño.
Partí rumbo oeste, tal y como me había indicado el hechizo de rastreo, mientras observaba un mapa de la zona, según el hechizo, Tybalt no había seguido sendero alguno, iba hacía zona de bosques. Anduve durante toda la noche, y casi todo el día que le siguió. Pero al final tuve que pararme a descansar en un claro del bosque, mis piernas no podían mas, y cada vez que repetía el hechizo Tybalt me sacaba algo más de ventaja. Cuando acabé de comer la carne seca, ni si quiera mi mente llena de preguntas pudo mantenerme despierto, y me quede durmiendo acurrucado al lado de un árbol.