29/6/09

Neptune

El colchón se movió cuando Carlos se tumbó en la cama, junto a mí, despertándome de golpe. Tenía el cuerpo fresquito, seguramente se lo había lavado o algo así. Le pasé un brazo por encima para abrazarle en plan oso amoroso.

Aquel reencuentro había superado con creces a todo lo que había imaginado. Me sonrojé al recordar que las paredes de la tienda eran de mera tela, y seguramente todo el campamento orco estaba al tanto de lo que había sucedido aquella noche.

De pronto, abrí los ojos como impulsada por un resorte y me incorporé. Maldita sea ¿¡qué había hecho!? Estúpida adolescente imprudente. Mi corazón comenzó a acelerarse rápidamente.
Carlos se incorporó a mi lado, mirándome con aire interrogante.
-Cariño... no estoy tomando nada -le confesé, preocupada. No quería ser mamá a mis escasos veinte años y menos en un mundo como aquel. Vale, sí quería ser mamá, pero reiterando: no en un mundo como aquel, sin epidural ni nada.
-Suponía que no lo estabas haciendo -respondió él- ¿qué puedes tomar aquí?
-No tengo ni idea -me mordí el labio inferior, preocupada- jopetas, ya podíamos haber pensado en eso antes de...

Una ligera sonrisa asomó en la comisura de mis labios, evocando los acontecimientos anteriores.
-Tranquila, debe haber métodos aquí, si no... estaría todo lleno de niños, y no es así -dijo Carlos, intentando buscar una solución.
-¿No tienes ningún mago o curandero o algo así a quien le puedas preguntar ahora? -Insistí, recalcando el "ahora".
-Sí, claro, tengo bastantes magos en mi batallón -respondió, con el ánimo de levantarse.
-Espera, déjame un vestido y voy contigo.

El chico cogió un par de prendas de un baúl y me las tendió, por su confencción supuse que las había sustraído de alguna casa.
Las cogí, reticente, y examiné los bordados. Sublimes, como todo lo que hacían los elfos.
Me puse las calzas y me pasé el vestido por la cabeza. Me quedaba algo largo y estrecho de pecho, y tropecé varias veces con el bajo mientras avanzaba hacia la tinaja para lavarme la cara.
Al terminar, cogí del brazo a Carlos, que ya había terminado de vestirse, y salimos fuera de la tienda.

La noche era cálida, la luna brillaba sobre nuestras cabezas, al igual que todas las constelaciones. Alguna luciérnaga brillaba entre los árboles. No vislumbré ningún hada, seguramente habrían huído al ver a los orcos.
Carlos me condujo lejos de aquellos barracones en los que las fogatas, la música y el olor a azufre y alcohol se mezclaban en una interminable danza nocturna. Al poco de andar divisamos una tienda de color púrpura, el estandarte negro sobresalía con la dragona de cinco cabezas de un rojo carmín.
-Aquí es- dijo él, y después su semblante se tornó serio- ¡Hechicero! Tengo una consulta -su voz se volvio dura, pronunciando aquellas palabras casi con desprecio.

Le miré, me había sobresaltado aquel tono tan... despectivo. No era propio de él. Bueno, al menos no hablando en serio. Observé el estandarte del dragón de las cinco cabezas. El símbolo de Takhisis...
Al poco rato salió un drow de entre las telas que hacían las veces de puerta. Vestía una túnica negra con bordados en púrpura. Todo muy original, pensé. Su ojos observaban todo el panorama, y se detuvieron unos instantes en mí, observándome.
-¿Sí, mi señor?
-Verás, necesito saber si habría algo para... evitar un embarazo -las palabras las soltó con algo de vergüenza, como si le molestase contar aquello a aquel ser.

De pronto deseé no estar allí. Me sentía como en mi primera visita al ginecólogo. De un momento a otro esperaba que aquel drow respondiera "no, tenemos que mirar por tu salud, así que no te vamos a dar anticonceptivas".
Sin embargo, el drow contuvo una sonrisa un tanto perversa (no pudo evitar que le aflorara en una de las comisuras de los labios, como a mí antes) y carraspeó antes de comenzar a hablar.
-Bueno, existe una infusión... el té de la luna, se llama -Observó el cielo durante unos instantes antes de proseguir- si es sólo para esta noche, podéis tomarlo ahora, pero si vais a continuar manteniendo... ejem... relaciones durante algo más de tiempo, sería más recomendable tomarlo cada luna llena. ¿Puedo dirigirme a la mujer, mi señor? -Le preguntó a Carlos. Me enfurecí interiormente y en silencio, ¿desde cuando era mi dueño y señor?
-Claro- dijo él, después me miró. Intentaba decirme algo, pero no llegaba a entenderlo. Nunca se me había dado bien leer las miradas.
-Bueno, ¿cuándo habéis tenido el último sangrado? -Me preguntó, mirándome directamente a los ojos. Durante unos instantes me quedé sin saber qué contestar. ¿Sangrado? ¿Eso que se hacía en la Edad Media con las sanguijuelas? ¿Qué tenía que ver con...? Ahh... sangrado.
-Eh... hará... poco menos de una semana -respondí, dubitativa- ¿por?
-Por saber cuánta cantidad debo preparar, nada más -volvió a mirar a Carlos, pero no cometió la imprudencia de mirarle a los ojos. Claro, a mí sí y a él no. Qué imbécil- Entonces ¿lo preparo ahora o esperamos a la próxima luna llena? Para que Lunitari alcance este tamaño faltan tres días. Ese será el momento propicio.
-Cuando sea más efectivo, y procura no fallar, hace tiempo que el huargo no prueba la carne de drow -respondió Carlos, como una amenaza a la vida de aquel hombre. Después me miró, apremiante, preguntando con la mirada si nos marchábamos de allí.
-Todo depende, como ya he dicho, de si vais a reiterar los encuentros sexuales en más ocasiones.
-Sí -respondió, mirándolo a los ojos.
-De acuerdo. -Me miró de nuevo, y yo agaché la mirada, amedrentada. Su poder me recordaba en cierta manera al de Elistan, pero de diferente forma. No me gustaba- Venid a mi tienda dentro de tres días, al anochecer. Sola.

Asentí y tiré de la manga de Carlos para comenzar a caminar de regreso a la cálida tienda. Cuando nos dimos la vuelta, el mago preguntó con voz siseante:
-¿Su Majestad sabe esto, mi señor?
-¿Sabes, hechicero? -Dijo su señor, sonriendo, era una sonrisa que me puso los pelos de punta- El último que se metió en mi vida acabó en la pica, después de horas de sufrimiento. Sabré recompensarte si mantienes la boca cerrada -tras esas palabras tan tétricas, se dio la vuelta y, cogiéndome del brazo, comenzó a andar.

Creí escuchar a mi espalda un "ya lo suponía", pero sea como fuere, no me volví para verificar si había sido fruto de mi imaginación.
Al llegar a la tienda, me senté sobre la cama, acariciando distraídamente una piel de animal muerto que la cubría en forma de adorno.
-Qué tipo tan desagradable -confesé, mientras me rascaba el cuero cabelludo. Era hora de un baño.
-Sí, la verdad esque son odiosos esos drows -comentó él, algo asqueado, mientras se quitaba la ropa.
-¿Qué intentabas decirme antes? -Pregunté, mientras me tumbaba boca arriba sobre la cama.
-Que tuvieras cuidado con ese hombre, es peligroso.

El chico se dejó caer sobre la cama, junto a mí. Ahora que me fijaba, tenía una gran multitud de cicatrices en el torso. Y una herida en el brazo, vendada.
-¿Qué te ha pasado ahí? -Le toqué el brazo con cuidado, para no hacerle daño.
-Nada, no te preocupes, ya es tarde, vamos a dormir -dijo, eludiendo la pregunta, parecía cansado.
-Está bieeen -no me había convencido nada aquella respuesta, pero no quería insistir y que se enfadara.
Me saqué el vestido por la cabeza (me costó bastante dado mi prominente volumen craneal) y me acurruqué junto a él, tapándome con las sábanas.


OUT// Pues hala, ya está. Isi, te toca =D

Por cierto, estoy preparando los mapas, más o menos los tendréis pronto, promiss.