29/6/09

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Las voces en el campamento se habían ahogado, al igual que se había difuminado aquel mundo entre el sudor y la pasión. Me encontraba extasiado, cansado, las gotas de sudor recorrían mi cuerpo y el vello se me pegaba a la piel.

Me levanté, Lorena se había quedado dormida, alargué la mano para retirarle un mechón de cabello que cubría su rostro; pese a aquellos tres años seguía igual de guapa que siempre, o incluso más...

Mi corazón comenzó a latir más fuerte. La había echado tanto de menos, día tras día en aquel maldito castillo, la había visto volver a mí noche tras noche para despertarme dolorosamente a la mañana siguiente con ese olor a cerrado y humedad que destilaba aquel castillo. Sonreí débilmente, ahora estaba realmente contento, ella había llegado y ahora todo iba a marchar como antes.

Me alejé hasta la tinaja que había en la habitación, estaba hecha de arcilla, con motivos tribales del ejército orco. En ella se veía al soldado, cómo nace, gana su honor y al final muere en la batalla. Aquella era la vida de los orcos.

Después de enjuagarme el cuerpo me pasé la toalla por encima, de un negro azabache y con el emblema en rojo de la reina, y al verlo, un escalofrío recorrió mi ser. ¿Y si ella sabía que la había encontrado? Qué gilipollez, claro que lo sabía, para algo era la reina. La volví a mirar, no, no permitiría que nos volvieran a separar, lme había costado demasiado tiempo, había renunciado a demasiadas cosas, la había amado tanto en silencio, esperando encontrarla cada mañana, esperando que fuera una pesadilla de la cual despertaría a su lado... Nada haría que ahora se marchase, ni el ejército, ni los magos, ni su majestad Oscura.

Me quedé parado en medio de la tienda, cansado de mis pensamientos que se abalanzaban sobre mi cabeza como un enjambre de avispas a las que les has sacudido la colmena. Por mi mente desfilaron imágenes de todas las noches del castillo. El brazo empezó a arderme.

La cicatriz que tenía en el hombro abrasaba mi piel, ahogué un gemido débil mientras me sujetaba el brazo. Arranqué las vendas, estaba al rojo y de él brotaba la sangre. El dolor empezó a nublar mi vista, mis músculos se tensaron, pero ya no profería ruidos, había aprendido a no darle aquel gusto. Aquel hierro con el que me marcaron como ganado no había marcado simplemente una cicatriz en forma de dragón, los drows se habían ocupado de establecer un conjuro por si quería traicionar a la Reina, si lo intentaba se abriría la herida y volvería a sufrir aquel quemazón, reviviendo aquel momento cada vez.

Estaba ya temblando cuando una imagen apareció frente a mi, como otras veces. Era Lorena, avanzaba ahora ya no difuminada, ya no era una mera sombra, un espejismo, se veía nítida y clara y avanzaba hacía mi. Me cogió de la mano y puso la suya encima de mi brazo, el dolor empezó a cesar y muy lejos pude sentir un odio, una rabia que intentaba alcanzarme pero ya no podía, me había sumergido en una luz de quietud y tranquilidad, ella me abrazaba tiernamente y me susurraba que todo iría bien, que ya estábamos juntos,. Sonreí y me dejé mecer por aquellos pequeños brazos que irradiaban tanta protección, apoyé mi cabeza en sus pechos, casi llorando, pero ya no importaba, nada ni nadie importaba, porque el mundo se había desvanecido en un halo blanco. Cerré los ojos ante su calidez, pero me vi obligado a abrirlos cuando se apartó.
-¿Qué pasa? -Pregunté, mirándola.

Una oscuridad había emergido, devorando el halo, y una sombra de cinco cabezas se vislumbraba al fondo. ¿De dónde habría salido aquella oscuridad? Lorena no respondía, no sabía qué responder, me miraba con pena, compadeciéndose de mí, agaché la cabeza y lo entendí todo, aquella oscuridad provenía de mí, de mi interior, y la estaba engullendo.

Grité y corrí, pero la oscuridad la devoraba, caí de bruces al suelo. Una mano salió de la nada y me levantó, volvía a ser ella, la oscuridad se la tragaba pero se mantenía a mi lado, consumiéndose poco a poco, sonreía y no sabía por qué, sus brazos me volvieron a abrazar, yo le respondí. La oscuridad la había cubierto casi por completo, trepando ahora por su cuello. Alargué las manos y acerqué su rostro mientras la oscuridad corría por mis manos, la besé cerrando los ojos a aquella oscuridad. Estaba todo frío, demasiado frío y de pronto un calor llenó mi cuerpo y una luz me cegó aun con los ojos cerrados, traté de abrirlos y la luz no aminoró, pero no me dañaba. Allá estaba ella, abrazándome fuertemente, había espantando mis miedos, la había desterrado por el momento...

Desperté, sobresaltado. Me encontraba encima de la alfombra de la tienda y la sangre manchaba mi brazo, ya reseca. Me levanté, en la cama seguía Lorena, tumbada y durmiendo como la había dejado. Una sensación de paz me llenó por completo, liberándome de todo el mal que me había perseguido durante aquellos tres años, ahora todo podría ser como antes. Me lavé el brazo y recoloqué el vendaje, no tenía que ver aquello. Me acerqué a la cama y la besé suavemente mientras dormía, después me metí entre las sabanas apretando su cuerpo contra el mío, la había echado tanto de menos...


/ahora ya me dejais durante un par de semanas xDDDD/