7/7/09

Isi

Hacía un par de horas que había amanecido, la ilusión que me había estado protegiendo toda la noche se había desvanecido antes de despertarme. Me desperté lentamente, el dolor de las heridas había desaparecido, pero el resto del cuerpo me dolía terriblemente, deseé estar tumbado en una cama mullida de la habitación de una posada. Deseché el pensamiento y comprobé que era algo tarde, rebuscando en los saquillos encontré los componentes y repetí el conjuro, Tybalt seguía en aquellas montañas, y no iba a ser fácil encontrarle, los mapas de esta zona eran muy vagos, y solo tenía como guía una dirección en la que avanzar, que delimitaba una zona demasiado amplia en el mapa. Estaba cansado, pero tenía unas ganas terribles de alcanzarle, llevaba tres años preguntándome donde estarían, y el recibir noticias de ellos había alimentado aquel sentimiento.

Avanzaba siguiendo un camino pedregoso que rodeaba la base de una de las montañas, absorto en estos pensamientos, cuando sentí una ausencia, una energía que se desvanecía. Comprobé la brújula, el conjuro se había disipado, mejor dicho, lo habían disipado, ¿pero quien? ¿y por que?. Debí mantenerme alerta, volví a intentar el conjuro, y esta vez sentí cómo otra fuerza mágica arrollaba por completo el tejido del hechizo. Era mi oportunidad, me concentré en seguir aquella corriente, para encontrar el lugar de donde surgía. No fue nada fácil, de hecho no logré encontrar el lugar exacto, pero si la zona de donde provenía.

Era muy poderosa, por lo menos mucho más fuerte que cualquiera que yo hubiese podido conjurar, intentar seguirla fue como nadar en un río de rápidos, con la corriente empujando en mil direcciones y arrastrándome al fondo. Pero logré algo, más de lo que pensaba, quien hubiese interrumpido mi conjuro estaba en el mismo sitio que Tyb, y a algo de profundidad bajo la superficie de las montañas. ¿Sería la hechicera? Tybalt decía en la nota que iba a ayudarle, pero este conjuro decía todo lo contrarío. Quizá mi amigo corría peligro. No tenía modo de saberlo. Necesitaba hablar con alguien de la torre, ellos sabrían quien era esa hechicera.

Me alejé de la zona, quería evitar que la hechicera pudiese espiarme, estaba convencido de que de algún modo vigilaba mis movimientos, no sabía si serviría de algo, pero por lo menos a esa distancia no podría interrumpirme de nuevo. Derramé el agua de la cantimplora en un cuenco y entoné las palabras. Al poco la imagen de mi mentor comenzó a dibujarse en el agua.

-¿Isaac? ¿Has llegado ya a tu destino?- Preguntó el anciano desde el cuenco de madera, se me hizo extraña la imagen.
- No, han surgido algunos contratiempos…- Le expliqué toda la historia.

El hombre escuchó con interés y al acabar me aclaró a que me enfrentaba, se trataba de una esfinge, que seguramente había llevado allí a mi compañero engañado. Tenía que ir en su rescate, pero poco podía hacer. Mi maestro me proporcionó algunos planos que copié. Ahora por lo menos podría encontrar la guarida. También me explicó un conjuro que evitaría el escudriñamiento de la criatura, así podría acercarme hasta su guarida sin estar vigilado, aunque ella ya sabía que estaba en camino.

-Recuerda, encuentra a tu amigo lo más rápido que puedas, y salid de allí, utiliza el bastón. Y ten mucho cuidado, es muy retorcida - Se despidió.
-Está bien, lo tendré, volveré a hablar contigo cuando acabe- El agua se fue tornando transparente de nuevo mientras me despedía

Me costó un día encontrar la guarida, muchas zonas carecían de senderos practicables, o de cualquier otra superficie llana y estable. Pero al final hallé el lugar donde se encontraba, en el interior de una montaña de la cadena, y como único acceso un enorme portón camuflado. Pensé formas de entrar, la guarida estaba escavada bajo tierra así que quizá hubiese algún acceso subterráneo, en estas montañas eran frecuentes las cuevas, o eso había dicho mi mentor. Pase unas cuantas horas recorriendo la ladera de la montaña y explorando cuevas. Al fin encontré una que parecía adentrarse en la dirección correcta y finalmente accedía a una zona claramente excavada en la montaña, que parecía haberse abandonado hacía tiempo. Por el suelo había tiradas todo tipo de herramientas, así como madera, restos de algunas hogueras, comida, y mantas a modo de camas.

Una figurita salió de entre las sombras empuñando una lanza, temblaba mucho y sujetaba el útil con ambas manos.
- Quién ser tú?! Tú quieto, si túmover Tirko matarte- Me amenazó gritando muy agudo.
- No vengo a hacerte daño, tranquilo-
- Como saber que tu no mentir? Tú intentar engañar a Tirko, seguro que ser espía de trasgos!.-
No tenía ganas de razonar con el bicho, si es que se podía. Le lancé los ingredientes que había estado mezclando con la mano en el bolsillo y pronuncié las palabras para hechizarlo.
- Vaya, que tonto ser Tirko, tu no ser espía trasgo, tú parecer simpático-
- Claro que no lo soy, verás, estaba buscando la guarida de la esfinge, según el mapa que tengo debo de estar encima o debajo, ¿ú sabes algo?- Pregunté no muy esperanzado, si sabía algo quizá no supiese explicármelo.
- Claro, esto ser casa de la esfinge- Dijo como si fuera la cosa mas simple del mundo.
- Entiendo, es? O era? Da igual, dejaló – Al ver su cara comprendí que no entendía lo de conjugar los verbos- Esfinge vivir aquí antes?- Quizá así…
- Claro, esto ser laboratorio de esfinge antes, pero ella abandonar cuando gran explosión, luego kobolds venir aquí y coger cosas-
- Entonces- Medité consultando el mapa- Ya entiendo, detrás de esta pared está la guarida de la esfinge?-
- Ah, tu no ser tan tonto como parecer-
- ¿Dónde están tus compañeros?-
- Ellos explorar montañas, no volver hasta mañana, Tirko ser guardián de casa- Aclaró lleno de orgullo.
- Está bien, vigila por si vienen los trasgos o alguien, yo tengo que pensar- Continué repasando el libro ¿Qué haría con el kobold cuando quitase aquella pared de en medio?

//Ale, siento mucho el retraso xD//