2/10/09
Tras haber hecho un registro de las ropas de aquella mujer que mis hombres confundieron con una elfa, alcé el rostro hacia ella, con la mirada ausente. El arco a mi espalda y las dos fundas de mi cinto no decían nada bueno sobre mis intenciones, pero no me cabía duda de que aquella chica era humana al verla ahora un poco más de cerca. Reconocía el rostro, aunque no es que hubiese hablado mucho con ella.
Aquella chica me miró como si estuviera loco. Aun así, le temblaban las piernas, no sabía muy bien si por frío o miedo.
-Eso es mío... -murmuró entrecortadamente.
-Hace mucho que no te veía -dije en un tono que no dejaba paso a entender intención alguna o interés en lo que acababa de decir, sin embargo, desprendiéndome de mi capa pesada, con el forro interior de la piel de algún animal, se la lancé. Si no era miedo, o no quería aparentar que lo era, sería frío.
Ella la cogió al vuelo y, sin ponérsela sobre los hombros, me observó, frunciendo el ceño.
-Me... me suena tu cara, pero no consigo... ubicarte... -reconoció, observándome de arriba a abajo.
-Bien. Ahora dime, siendo una chica risueña como siempre te vi ¿qué haces saliendo de un campamento orco que acaba de masacrar una ciudad élfica? Llevarás sobre los 3 años aquí si el tiempo no se distorsiona una vez pasado el portal y tus ropas son élficas, por lo tanto lo más probable es que hayas vivido entre ellos; y omite el decir que estás huyendo, alguien que escapa, no se para a tomarse un baño apenas a un quilómetro de distancia del campamento de sus secuestradores.
-Yo... -tragó saliva, mirando a su alrededor y retrocediendo lentamente- bueno, viví entre los elfos durante tres años, pero... bueno... yo es que... estoy prometida al General y... eso.
-No huyas, varios de tus ex-amigos elfos están apuntándote desde las sombras, y mis subalternos sólo dispararían de aviso, pero viendo las caras de los elfos... bueno, parecen guardarte un bonito rencor. Ahora hazme un favor y haztelo a ti misma y siéntate en aquella roca para que podamos hablar más tranquilamente.
-¿Cuánto tiempo va a durar esto? –Preguntó con la voz temblorosa. La barbilla le temblaba compulsivamente.
-Todo lo que quiera- dije en total tranquilidad, no quería que se pusiera a llorar, eso me parecía ahora mismo, una llorona- para empezar ¿Cómo le va a More?
Escuchar aquel mote después de tantos años sin duda la sorprendió, pero respondió tranquilamente.
-Bien... mira, yo no quiero tener problemas -respiró hondo- déjame que me vaya, no diré nada, te lo prometo. Si se enterara de esto...
-¿Que haría si se enterara de esto?- Dije con una sonrisa ahora tremendamente visible, no me atemorizaba en absoluto, aunque ella no estuviera segura, eso disipaba las dudas por completo.
-Te mataría, lo digo en serio. Ahora no es como antes, él... él es más... sádico. No le importa nada, déjame que me vaya, por favor. No tengo dinero, no tengo nada...
-No quiero dinero, tú simplemente responde a mis preguntas: Dices que More ahora no tiene nada que perder ¿Y tu? ¿Le resultas valiosa o sólo eres una más?
-No estoy con él -respondió con rapidez, poniendo cara de poker.
Enarqué una ceja como quien no quería la cosa.
-Claro. Veamos, me estás diciendo que saliendo con él antes de que apareciera ese portal, diciendo ser su prometida, y habiendo dejado a la gente que te ha cuidado tanto durante tres años en la estacada -ahora la miraba directamente a los ojos a apenas un palmo de distancia apoyado en la piedra- ¿No estás con él?
-Soy la prometida de otro General, un drow. Me capturó durante la batalla, pero se ha tenido que marchar con otro destacamiento. More está demasiado cambiado como para tener una esposa.
-¿Sabes qué ha sido lo que más me ha sorprendido de él al verlo esta mañana con una flecha apuntando directamente a su corazón? No ha sido que su arrogancia haya aumentado, ni siquiera ese aspecto de chico malo. Sino que era feliz, cuando nadie mira sonríe, es demasiado expresivo ¿sabes? Ahora dime la verdad o vuelvo al campamento y en vez de hacer todo lo posible para que salga con vida, le dispararé. Pues si es el monstruo que tú dices, no merece ser salvado -Todo aquello fue dicho desde la comprensión y la empatía, como si fuera su amigo, se me daba bien llevar a cabo ese papel.
Ella se mordió el labio inferior y apretó los puños, con aspecto de tener un conflicto interior inmenso.
-Yo... sí que estoy con él. No le hagas nada, por favor...
-No quiero hacerle daño, realmente cuando aquel portal me tragó, a las dos semanas de estar aquí pensé que quizás a vosotros os hubiera pasado lo mismo, pero lo deseché, me pareció una idea estúpida no sustentada por nada lógico, un pálpito... debo empezar a hacerles algo más de caso. Dime una cosa ¿A ti te gusta la vida que te espera a ti y a él en el caso de que esta campaña tuviera éxito? ¿Eres consciente de que probablemente muráis en alguna intriga política o que él cada vez el irá convirtiéndose en un ser más y más taimado por la vida que lleva, hasta que probablemente tú seas la única persona por la cual muestre un poco de afecto? Hay otras opciones...
-¿Puedo irme ya? -Preguntó ella, con aspecto exasperado.
-No, eres mi prisionera, me sorprende que no hayas llegado ya a esa lógica.
-¡Pero si me has dicho que si lo respondía todo podía irme! -Gimoteó, asustada.
-No he dicho tal cosa, te lo aseguro, y no tienes nada que temer, no te vamos a hacer daño.
Ella miró hacia el bosque que la rodeaba y, tras retroceder un par de pasos, echó a correr hacia el lago.
Varias flechas se clavaron frente a ella cortándole el paso, en un instante de vacilación, mi mano ya la sujetaba del brazo, la otra sujetaba una que había ido directa hacia su cabeza.
- En este mundo somos más rápidos y más fuertes que en el real, los que vinisteis aquí sin ningún entrenamiento estáis acostumbrado a los oponentes de este mundo, si peleárais con alguien en vuestro rango de reflejos y velocidad, os veríais eclipsados. Y yo llevo desde los 12 años con una espada en mi mano. Si More intenta matarme, morirá, y no pienses que no soy capaz de matarte, quiero un final feliz, pero si no lo consigo, moriréis los dos.
Ella se resistió con rabia, dando sacudidas con el brazo. En una de esas, me dirigió un puñetazo a la cara al grito de "¡Suéltame!"
Con un rápido movimiento, más rápido que cualquier otro que ella hubiera podido ver entre los habitantes de este mundo, una katana estaba apoyada sobre su cuello
-Quieta, si te resistes, no sólo tu mueres, también él.
-¿¡Qué es lo que quieres!?
-¿La verdad? Hacer que More interne el ejército en el bosque, aquí dentro están perdidos por numerosos que sean, una vez el ejercito esté diezmado, tú y More podréis hacer lo que queráis.
-No tienes ni idea -respondió con una media sonrisa bastante amarga- More no puede irse aunque su ejército sea reducido. Los otros Generales le buscarán, como el Señor Oscuro. Tiene una marca en el brazo, no me deja verla, pero estoy segura de que es una especie de radar. No vendrá con nosotros.
-Siempre tuvo un par de huevos, espero que siga teniéndolos para enfrentarse a esos generales. Ademas tiene un motivo plus para hacerme caso. Tú no sobrevivirás ni una semana a donde vais. Él no puede estar todo el día pendiente de ti, y sabe tan bien como yo que no puede confiar en nadie. Probablemente piense en ello cada día desde que te ha encontrado.
-Sé cuidarme sola -dijo la chica con decisión, alzando un poco el mentón- no soy una inútil, me enseñaron a utilizar la espada, seguramente sepa hablar en casi todas las lenguas de Arda y conozco cada palmo de territorio.
-Si un mago me atacara a mí por sorpresa probablemente no podría hacer nada contra él, y eso te espera en el castillo -aparté la katana de su cuello.
-¿Dejarás que me vista por lo menos? -Preguntó, con aspecto derrotado.
- Adelante.
-¿Vas a mirar? -Se agachó para recoger la ropa y cuando la tuvo en la mano, me miró como diciendo "venga, vuélvete".
-Yo y las quince personas escondidas en los arbustos, árboles y demás, ¿De verdad piensas que nos vamos a volver para que huyas? Además... No tienes nada que no haya visto antes- Aseguré antes de dudar un momento- o... ¿Eres un travelo? Eso sería divertido de ver. Si te encuentras más tranquila prometo mirar en todo momento a tu cara.
Me miró con odio concentrado y, cogiendo una especie de pantaloncitos ajustados, que yo reconocí como una especie de equivalente de bragas, comenzó a ponérselos sin quitarse la toalla. Una vez puestos, me dio la espalda y cogió una tira de cuero marrón. Titubeó un poco antes de dejar caer la toalla. Desde donde me encontraba sólo veía su cabello y su espalda, y quizá algo de su pecho. Se ató la tira con rapidez y se pasó el vestido por la cabeza, pero en cualquier caso solo miré su nuca, no me interesaba su físico, era de More, si algo me caracterizaba era el sentido de la propiedad.
-Ya está
-Espero que comprendas los motivos por los cuales voy a atarte.
-Deja de tratarme como una invitada tonta. Sé lo que es un secuestro, cuando vivía en la Tierra me tragaba un episodio de Caso Abierto detrás de otro -mientras me soltaba esta perorata extendió las muñecas.
-Atadla- dije, sin más- Prefiero considerar que te secuestro por tu bien, para tener mi conciencia tranquila si al final tengo que matarte.
-Oh, si te lo tendré que agradecer y todo -la mirada de odio intenso se acentuó mientras varios de mis hombres la rodeaban y le ataban las muñecas- Vaya, pensé que utilizarías cintas de raso.
-Esas las reservo para los momentos íntimos- dije, de nuevo, sarcástico, antes de recuperar un aspecto serio mientras me marchaba- y probablemente acabes agradeciéndomelo.
Aquella chica me miró como si estuviera loco. Aun así, le temblaban las piernas, no sabía muy bien si por frío o miedo.
-Eso es mío... -murmuró entrecortadamente.
-Hace mucho que no te veía -dije en un tono que no dejaba paso a entender intención alguna o interés en lo que acababa de decir, sin embargo, desprendiéndome de mi capa pesada, con el forro interior de la piel de algún animal, se la lancé. Si no era miedo, o no quería aparentar que lo era, sería frío.
Ella la cogió al vuelo y, sin ponérsela sobre los hombros, me observó, frunciendo el ceño.
-Me... me suena tu cara, pero no consigo... ubicarte... -reconoció, observándome de arriba a abajo.
-Bien. Ahora dime, siendo una chica risueña como siempre te vi ¿qué haces saliendo de un campamento orco que acaba de masacrar una ciudad élfica? Llevarás sobre los 3 años aquí si el tiempo no se distorsiona una vez pasado el portal y tus ropas son élficas, por lo tanto lo más probable es que hayas vivido entre ellos; y omite el decir que estás huyendo, alguien que escapa, no se para a tomarse un baño apenas a un quilómetro de distancia del campamento de sus secuestradores.
-Yo... -tragó saliva, mirando a su alrededor y retrocediendo lentamente- bueno, viví entre los elfos durante tres años, pero... bueno... yo es que... estoy prometida al General y... eso.
-No huyas, varios de tus ex-amigos elfos están apuntándote desde las sombras, y mis subalternos sólo dispararían de aviso, pero viendo las caras de los elfos... bueno, parecen guardarte un bonito rencor. Ahora hazme un favor y haztelo a ti misma y siéntate en aquella roca para que podamos hablar más tranquilamente.
-¿Cuánto tiempo va a durar esto? –Preguntó con la voz temblorosa. La barbilla le temblaba compulsivamente.
-Todo lo que quiera- dije en total tranquilidad, no quería que se pusiera a llorar, eso me parecía ahora mismo, una llorona- para empezar ¿Cómo le va a More?
Escuchar aquel mote después de tantos años sin duda la sorprendió, pero respondió tranquilamente.
-Bien... mira, yo no quiero tener problemas -respiró hondo- déjame que me vaya, no diré nada, te lo prometo. Si se enterara de esto...
-¿Que haría si se enterara de esto?- Dije con una sonrisa ahora tremendamente visible, no me atemorizaba en absoluto, aunque ella no estuviera segura, eso disipaba las dudas por completo.
-Te mataría, lo digo en serio. Ahora no es como antes, él... él es más... sádico. No le importa nada, déjame que me vaya, por favor. No tengo dinero, no tengo nada...
-No quiero dinero, tú simplemente responde a mis preguntas: Dices que More ahora no tiene nada que perder ¿Y tu? ¿Le resultas valiosa o sólo eres una más?
-No estoy con él -respondió con rapidez, poniendo cara de poker.
Enarqué una ceja como quien no quería la cosa.
-Claro. Veamos, me estás diciendo que saliendo con él antes de que apareciera ese portal, diciendo ser su prometida, y habiendo dejado a la gente que te ha cuidado tanto durante tres años en la estacada -ahora la miraba directamente a los ojos a apenas un palmo de distancia apoyado en la piedra- ¿No estás con él?
-Soy la prometida de otro General, un drow. Me capturó durante la batalla, pero se ha tenido que marchar con otro destacamiento. More está demasiado cambiado como para tener una esposa.
-¿Sabes qué ha sido lo que más me ha sorprendido de él al verlo esta mañana con una flecha apuntando directamente a su corazón? No ha sido que su arrogancia haya aumentado, ni siquiera ese aspecto de chico malo. Sino que era feliz, cuando nadie mira sonríe, es demasiado expresivo ¿sabes? Ahora dime la verdad o vuelvo al campamento y en vez de hacer todo lo posible para que salga con vida, le dispararé. Pues si es el monstruo que tú dices, no merece ser salvado -Todo aquello fue dicho desde la comprensión y la empatía, como si fuera su amigo, se me daba bien llevar a cabo ese papel.
Ella se mordió el labio inferior y apretó los puños, con aspecto de tener un conflicto interior inmenso.
-Yo... sí que estoy con él. No le hagas nada, por favor...
-No quiero hacerle daño, realmente cuando aquel portal me tragó, a las dos semanas de estar aquí pensé que quizás a vosotros os hubiera pasado lo mismo, pero lo deseché, me pareció una idea estúpida no sustentada por nada lógico, un pálpito... debo empezar a hacerles algo más de caso. Dime una cosa ¿A ti te gusta la vida que te espera a ti y a él en el caso de que esta campaña tuviera éxito? ¿Eres consciente de que probablemente muráis en alguna intriga política o que él cada vez el irá convirtiéndose en un ser más y más taimado por la vida que lleva, hasta que probablemente tú seas la única persona por la cual muestre un poco de afecto? Hay otras opciones...
-¿Puedo irme ya? -Preguntó ella, con aspecto exasperado.
-No, eres mi prisionera, me sorprende que no hayas llegado ya a esa lógica.
-¡Pero si me has dicho que si lo respondía todo podía irme! -Gimoteó, asustada.
-No he dicho tal cosa, te lo aseguro, y no tienes nada que temer, no te vamos a hacer daño.
Ella miró hacia el bosque que la rodeaba y, tras retroceder un par de pasos, echó a correr hacia el lago.
Varias flechas se clavaron frente a ella cortándole el paso, en un instante de vacilación, mi mano ya la sujetaba del brazo, la otra sujetaba una que había ido directa hacia su cabeza.
- En este mundo somos más rápidos y más fuertes que en el real, los que vinisteis aquí sin ningún entrenamiento estáis acostumbrado a los oponentes de este mundo, si peleárais con alguien en vuestro rango de reflejos y velocidad, os veríais eclipsados. Y yo llevo desde los 12 años con una espada en mi mano. Si More intenta matarme, morirá, y no pienses que no soy capaz de matarte, quiero un final feliz, pero si no lo consigo, moriréis los dos.
Ella se resistió con rabia, dando sacudidas con el brazo. En una de esas, me dirigió un puñetazo a la cara al grito de "¡Suéltame!"
Con un rápido movimiento, más rápido que cualquier otro que ella hubiera podido ver entre los habitantes de este mundo, una katana estaba apoyada sobre su cuello
-Quieta, si te resistes, no sólo tu mueres, también él.
-¿¡Qué es lo que quieres!?
-¿La verdad? Hacer que More interne el ejército en el bosque, aquí dentro están perdidos por numerosos que sean, una vez el ejercito esté diezmado, tú y More podréis hacer lo que queráis.
-No tienes ni idea -respondió con una media sonrisa bastante amarga- More no puede irse aunque su ejército sea reducido. Los otros Generales le buscarán, como el Señor Oscuro. Tiene una marca en el brazo, no me deja verla, pero estoy segura de que es una especie de radar. No vendrá con nosotros.
-Siempre tuvo un par de huevos, espero que siga teniéndolos para enfrentarse a esos generales. Ademas tiene un motivo plus para hacerme caso. Tú no sobrevivirás ni una semana a donde vais. Él no puede estar todo el día pendiente de ti, y sabe tan bien como yo que no puede confiar en nadie. Probablemente piense en ello cada día desde que te ha encontrado.
-Sé cuidarme sola -dijo la chica con decisión, alzando un poco el mentón- no soy una inútil, me enseñaron a utilizar la espada, seguramente sepa hablar en casi todas las lenguas de Arda y conozco cada palmo de territorio.
-Si un mago me atacara a mí por sorpresa probablemente no podría hacer nada contra él, y eso te espera en el castillo -aparté la katana de su cuello.
-¿Dejarás que me vista por lo menos? -Preguntó, con aspecto derrotado.
- Adelante.
-¿Vas a mirar? -Se agachó para recoger la ropa y cuando la tuvo en la mano, me miró como diciendo "venga, vuélvete".
-Yo y las quince personas escondidas en los arbustos, árboles y demás, ¿De verdad piensas que nos vamos a volver para que huyas? Además... No tienes nada que no haya visto antes- Aseguré antes de dudar un momento- o... ¿Eres un travelo? Eso sería divertido de ver. Si te encuentras más tranquila prometo mirar en todo momento a tu cara.
Me miró con odio concentrado y, cogiendo una especie de pantaloncitos ajustados, que yo reconocí como una especie de equivalente de bragas, comenzó a ponérselos sin quitarse la toalla. Una vez puestos, me dio la espalda y cogió una tira de cuero marrón. Titubeó un poco antes de dejar caer la toalla. Desde donde me encontraba sólo veía su cabello y su espalda, y quizá algo de su pecho. Se ató la tira con rapidez y se pasó el vestido por la cabeza, pero en cualquier caso solo miré su nuca, no me interesaba su físico, era de More, si algo me caracterizaba era el sentido de la propiedad.
-Ya está
-Espero que comprendas los motivos por los cuales voy a atarte.
-Deja de tratarme como una invitada tonta. Sé lo que es un secuestro, cuando vivía en la Tierra me tragaba un episodio de Caso Abierto detrás de otro -mientras me soltaba esta perorata extendió las muñecas.
-Atadla- dije, sin más- Prefiero considerar que te secuestro por tu bien, para tener mi conciencia tranquila si al final tengo que matarte.
-Oh, si te lo tendré que agradecer y todo -la mirada de odio intenso se acentuó mientras varios de mis hombres la rodeaban y le ataban las muñecas- Vaya, pensé que utilizarías cintas de raso.
-Esas las reservo para los momentos íntimos- dije, de nuevo, sarcástico, antes de recuperar un aspecto serio mientras me marchaba- y probablemente acabes agradeciéndomelo.