21/3/09
Isi
Tres años, que rápido pasa el tiempo, parece que eso es igual en todas partes. Han dado para mucho, espero que sea suficiente, espero encontrarlos.
Le daba vueltas a esta idea, esperando que no hubiera pasado demasiado tiempo, mientras me mecía suavemente a lomos de Ébano. Estaba de buen humor, la mañana era esplendida, y la perspectiva de partir hacia aquello con lo que tantas veces había soñado y de poder encontrar a mis amigos me animaba bastante, pero debí de ensimismarme demasiado por que Ébano dio un tropezón y casi nos fuimos los dos al suelo; estaba claro que mi especialidad no era montar, pero tampoco me molestaba en exceso, había dedicado mas tiempo a la magia con mucho gusto, y últimamente empezaba a entender mejor los conjuros, no memorizarlos, si no intuir la función de cada elemento, cada silaba, de cada componente y movimiento de las manos, de cómo influían en el entramado mágico del mundo; cada vez me costaba menos memorizarlos, y había conseguido concentrarme sin problemas en el simulacro de combate que hicimos en la torre. Pronto tendría un nivel admirable en el arte…
“Los magos, jugamos con sueños, y los sueños nos pierden” Las palabras de los escritos de Khelben resonaron con fuerza en mi cabeza, lo ultimo que debía hacer en ese momento era pensar en ensoñaciones estúpidas, había aprendido magia si, pero no era para tanto. Aún absorto como estaba en mis pensamientos sentí el tenue vibrar de la magia en el ambiente, entre la maleza, y si saber como mi caballo se encabritó y caí al suelo dándome un fuerte golpe que mezclo en mi cabeza el sonido del trotar de Ébano alejándose y el de una voz aguda y chillona.
-Vaya, ¿estas bien? ¿Te has hecho daño? De verdad que lo siento, no puedo entender por que tu caballo a reaccionado así al verme, de verdad que no, quizá no este demasiado acostumbrado a ver kenders, es algo que también resulta frecuente entre las personas. ¡Por cierto! Mi nombre es Yerbabuena Tickelbot, encantado de conocerte- Dijo el pequeño hombrecillo, hablando rápido, atropellando sus palabras, a la vez que me tendía una mano diminuta. Sentado en el suelo, con un tremendo dolor en la espalda y la cabeza, y la túnica alba completamente llena de polvo, me quede mirando al asombroso hombrecillo. Apenas levantaría 0.80 metros del suelo, y llevaba una mezcla extraña de ropajes, aliñada con toques personales como un colgante hecho con la punta de una flecha, o un largo tirabuzón rojizo de un pelo muy sedoso unido a su cabellera. En su cara dos estrechas rendijas hacían sospechar que ahí había unos ojos, hasta los que se extendía la inmensa sonrisa, y todo el desprendía un agradable aroma que me resultaba muy familiar. Medio embobado le tendí la mano, tras lo cual me levante y empecé a espolsarme el polvo. No daba crédito a lo que me estaba sucediendo, un kender, ¡Estaba ante un kender!, me lo volví a repetir: tengo un kender espolsando mi túnica…¡un momento!
-¡Eh!¡Tú! ¡Devuélveme eso!- Le grite algo fuera de mis casillas, siendo ya consciente de mi actual situación, no le había visto cogerme nada realmente, pero… tenía la certeza de que lo había hecho.
- Ah, vaya, ¿son tuyos?- Dijo tendiéndome unos pétalos secos de rosa- Es una suerte que los haya encontrado, si no habrían quedado olvidados en este polvoriento camino- Y esbozo una sonrisa repleta de inocencia. - Dime, ¿A dónde te dirigías?
-Voy camino a las tierras élficas- Escupí mientras me ponía en marcha con la esperanza de que Ébano no anduviese lejos, esperaba sinceramente que el kender no me cogiera cariño…pero mis esperanzas eran casi nulas.
-¡Oh!¡Vaya! Yo estuve una vez en las tierras de los elfos, un lugar extraordinario. ¿Sabes, tienen salas talladas en todo tipo de materiales preciosos, y vayas a donde vayas encuentras cosas interesantes, aunque dicho sea de paso, no son muy amables con las visitas, tardaron poco en tirarnos de allí. Por donde iba… ¡Ah! ¡Eso! Yo puedo acompañarte si quieres, voy camino a Kendermore, esta de paso así que podemos viajar juntos, hace un día que voy solo, y aunque la gente del camino suelen ser bastante amables conmigo, incluso me regalan todo tipo de recuerdos, ayer por la tarde, sin ir mas lejos, un enano me regalo este… vaya… ¿vaya, donde lo habré metido? – Parloteaba mientras hurgaba en unos saquillos.- Quizá este en mi carreta, mira ahí esta- dijo señalando una carreta que parecía ser de un comerciante parada un poco mas adelante en el linde el camino –Veras, me tuve que salir de ella por que unos rufianes… blablablablabla- Es todo lo que mi cerebro pudo seguir asimilando.
En ese momento vi a Ébano parado al linde del camino algo agitado y nervioso.., me acerque para calmarlo, y advertí a Yerbabuena que lo tratara con delicadeza, este pareció entender el mensaje, pero aun así Ébano se ponía nervioso cada vez que el kender hablaba demasiado rato seguido, lo cual sucedió continuamente a lo largo de el día de viaje, ahora ya podía estar convencido de que tenia un compañero de viaje, me daba algo de miedo que fuera un kender si he de ser sincero, pero aun así… agradecía enormemente la compañía… y parte de la conversación.
-Te he contado alguna vez aquella ocasión en la que me metí en un barril que me transporto a un pantano en el que resultó que unos camp…..
Me di cuenta, de que empezaba a atardecer, pronto anochecería, y la perspectiva de dormir en la carreta con el kender a sus anchas mientras descansaba, no me parecía nada tranquilizadora.
Le daba vueltas a esta idea, esperando que no hubiera pasado demasiado tiempo, mientras me mecía suavemente a lomos de Ébano. Estaba de buen humor, la mañana era esplendida, y la perspectiva de partir hacia aquello con lo que tantas veces había soñado y de poder encontrar a mis amigos me animaba bastante, pero debí de ensimismarme demasiado por que Ébano dio un tropezón y casi nos fuimos los dos al suelo; estaba claro que mi especialidad no era montar, pero tampoco me molestaba en exceso, había dedicado mas tiempo a la magia con mucho gusto, y últimamente empezaba a entender mejor los conjuros, no memorizarlos, si no intuir la función de cada elemento, cada silaba, de cada componente y movimiento de las manos, de cómo influían en el entramado mágico del mundo; cada vez me costaba menos memorizarlos, y había conseguido concentrarme sin problemas en el simulacro de combate que hicimos en la torre. Pronto tendría un nivel admirable en el arte…
“Los magos, jugamos con sueños, y los sueños nos pierden” Las palabras de los escritos de Khelben resonaron con fuerza en mi cabeza, lo ultimo que debía hacer en ese momento era pensar en ensoñaciones estúpidas, había aprendido magia si, pero no era para tanto. Aún absorto como estaba en mis pensamientos sentí el tenue vibrar de la magia en el ambiente, entre la maleza, y si saber como mi caballo se encabritó y caí al suelo dándome un fuerte golpe que mezclo en mi cabeza el sonido del trotar de Ébano alejándose y el de una voz aguda y chillona.
-Vaya, ¿estas bien? ¿Te has hecho daño? De verdad que lo siento, no puedo entender por que tu caballo a reaccionado así al verme, de verdad que no, quizá no este demasiado acostumbrado a ver kenders, es algo que también resulta frecuente entre las personas. ¡Por cierto! Mi nombre es Yerbabuena Tickelbot, encantado de conocerte- Dijo el pequeño hombrecillo, hablando rápido, atropellando sus palabras, a la vez que me tendía una mano diminuta. Sentado en el suelo, con un tremendo dolor en la espalda y la cabeza, y la túnica alba completamente llena de polvo, me quede mirando al asombroso hombrecillo. Apenas levantaría 0.80 metros del suelo, y llevaba una mezcla extraña de ropajes, aliñada con toques personales como un colgante hecho con la punta de una flecha, o un largo tirabuzón rojizo de un pelo muy sedoso unido a su cabellera. En su cara dos estrechas rendijas hacían sospechar que ahí había unos ojos, hasta los que se extendía la inmensa sonrisa, y todo el desprendía un agradable aroma que me resultaba muy familiar. Medio embobado le tendí la mano, tras lo cual me levante y empecé a espolsarme el polvo. No daba crédito a lo que me estaba sucediendo, un kender, ¡Estaba ante un kender!, me lo volví a repetir: tengo un kender espolsando mi túnica…¡un momento!
-¡Eh!¡Tú! ¡Devuélveme eso!- Le grite algo fuera de mis casillas, siendo ya consciente de mi actual situación, no le había visto cogerme nada realmente, pero… tenía la certeza de que lo había hecho.
- Ah, vaya, ¿son tuyos?- Dijo tendiéndome unos pétalos secos de rosa- Es una suerte que los haya encontrado, si no habrían quedado olvidados en este polvoriento camino- Y esbozo una sonrisa repleta de inocencia. - Dime, ¿A dónde te dirigías?
-Voy camino a las tierras élficas- Escupí mientras me ponía en marcha con la esperanza de que Ébano no anduviese lejos, esperaba sinceramente que el kender no me cogiera cariño…pero mis esperanzas eran casi nulas.
-¡Oh!¡Vaya! Yo estuve una vez en las tierras de los elfos, un lugar extraordinario. ¿Sabes, tienen salas talladas en todo tipo de materiales preciosos, y vayas a donde vayas encuentras cosas interesantes, aunque dicho sea de paso, no son muy amables con las visitas, tardaron poco en tirarnos de allí. Por donde iba… ¡Ah! ¡Eso! Yo puedo acompañarte si quieres, voy camino a Kendermore, esta de paso así que podemos viajar juntos, hace un día que voy solo, y aunque la gente del camino suelen ser bastante amables conmigo, incluso me regalan todo tipo de recuerdos, ayer por la tarde, sin ir mas lejos, un enano me regalo este… vaya… ¿vaya, donde lo habré metido? – Parloteaba mientras hurgaba en unos saquillos.- Quizá este en mi carreta, mira ahí esta- dijo señalando una carreta que parecía ser de un comerciante parada un poco mas adelante en el linde el camino –Veras, me tuve que salir de ella por que unos rufianes… blablablablabla- Es todo lo que mi cerebro pudo seguir asimilando.
En ese momento vi a Ébano parado al linde del camino algo agitado y nervioso.., me acerque para calmarlo, y advertí a Yerbabuena que lo tratara con delicadeza, este pareció entender el mensaje, pero aun así Ébano se ponía nervioso cada vez que el kender hablaba demasiado rato seguido, lo cual sucedió continuamente a lo largo de el día de viaje, ahora ya podía estar convencido de que tenia un compañero de viaje, me daba algo de miedo que fuera un kender si he de ser sincero, pero aun así… agradecía enormemente la compañía… y parte de la conversación.
-Te he contado alguna vez aquella ocasión en la que me metí en un barril que me transporto a un pantano en el que resultó que unos camp…..
Me di cuenta, de que empezaba a atardecer, pronto anochecería, y la perspectiva de dormir en la carreta con el kender a sus anchas mientras descansaba, no me parecía nada tranquilizadora.