3/3/09
Tybalt
Había transcurrido nueve ocasos desde mi llegada. El dolor había dado paso a la felicidad y después a la añoranza. Empecé a recorrer el bosque, al principio con mi Maestro, que me enseñaba detalles naturales para orientarme.
-El mundo es enorme y es fácil sentirse perdido. Sin embargo, es muy fácil orientarse, simplemente basta con saber a donde quieres ir. Hay personas que se pueden perder encerradas en la ciudad y otras almas libres que por muy lejos que vayan u oscuro sea el camino, jamás están perdidos, pues saben quiénes son y a dónde quieren ir. Debes conocerte. Después ya conocerás el terreno que te rodea.
- Pero entonces ¿por qué me estás enseñando el bosque?
-Encerrado jamás te conocerás a ti mismo. Necesitas estímulos.
Siempre había echado de menos la naturaleza. Sentirme libre y primitivo. Sin las cadenas de la sociedad que ponen leyes cívicas y morales. Correr desnudo entre los árboles, cazar para sobrevivir con mi astucia, dormir al raso, ser un animal. Pero la sociedad era necesidad del cuerpo, si no, la soledad y la incapacidad de sobrevivir ante los peligros externos haría mella en mi salud. Pero el primer paso estaba dado. Viviría con aquel viejo extravagante.
Pasaron dos ciclos lunares. Me había transformado mentalmente. Había perdido lo que me hacía civilizado. Comía sin cubiertos, decía lo que pensaba, iba desnudo y comía lo que podía. Pasé tardes mirando cómo pasaba el agua del arroyo, filosofando el cómo trascurre la vida, con el devenir de la orografía, con cada gota con la que te juntas al fluir de tu vida. Pero todo parece intranscendente cuando llegas a la plácida calma del lago. Quizás al final del todo, sí que nos reencarnemos.
-Volverás a vivir, formando parte del buitre que ha carroñeado tu cuerpo muerto, de los insectos y gusanos que se han comido los restos. Serás sus heces, serás sus cuerpos muertos. Serás el árbol que se alimenta del abono. Serás la podredumbre de su tronco caído. Y volverás a renacer.
Y me dispersaré y me diluiré en el mundo como el agua del río.
Pasó otro ciclo lunar más. Papaver Rhoeas, Delphinium stphisagria, Betula verrucosa,Corylus avellana, Papaver Somniferum... Flores, hojas, cortezas, raices, tallos...
Con el paso de otro ciclo lunar más, empecé a desesperarme. Sentí que aunque estuviera donde más quería estar, me faltaba la gloria del amor, de los besos y la complaciente compañía de la fiel amistad incondicional. Faltaban mis amigos y mi novia. Y aunque el aprendizaje y el descubrimiento interior eran lo que mi espíritu requería, mi cuerpo pedía la compañía de mis confraternos. Así argumenté mi partida de la estrecha y decrépita cabaña. Únicamente me dijo:
-No sólo partes para buscar a tus amigos, también buscas respuestas. A tu llegada, a la toma de tu decisión de seguir el camino druídico para confirmarte en él o para desecharlo, para conocer tu entorno para sentirte seguro. Tu espíritu tiene muchas inquietudes que deben ser calmadas. Ve. Vuelve cuando tengas tus respuestas, cuando quieras adentrarte más profundamente en este bosque.
Eché un zurrón a mi costado, con mis antiguos ropajes y con recipiente de agua. Una pequeña hoz serrada de dientes de piedra y un punzón de hueso. Sólo llevaba un taparrabos de piel de conejo y mi cuerpo atletico, que empezaba a dorarse con el sol veraniego.
-El mundo es enorme y es fácil sentirse perdido. Sin embargo, es muy fácil orientarse, simplemente basta con saber a donde quieres ir. Hay personas que se pueden perder encerradas en la ciudad y otras almas libres que por muy lejos que vayan u oscuro sea el camino, jamás están perdidos, pues saben quiénes son y a dónde quieren ir. Debes conocerte. Después ya conocerás el terreno que te rodea.
- Pero entonces ¿por qué me estás enseñando el bosque?
-Encerrado jamás te conocerás a ti mismo. Necesitas estímulos.
Siempre había echado de menos la naturaleza. Sentirme libre y primitivo. Sin las cadenas de la sociedad que ponen leyes cívicas y morales. Correr desnudo entre los árboles, cazar para sobrevivir con mi astucia, dormir al raso, ser un animal. Pero la sociedad era necesidad del cuerpo, si no, la soledad y la incapacidad de sobrevivir ante los peligros externos haría mella en mi salud. Pero el primer paso estaba dado. Viviría con aquel viejo extravagante.
Pasaron dos ciclos lunares. Me había transformado mentalmente. Había perdido lo que me hacía civilizado. Comía sin cubiertos, decía lo que pensaba, iba desnudo y comía lo que podía. Pasé tardes mirando cómo pasaba el agua del arroyo, filosofando el cómo trascurre la vida, con el devenir de la orografía, con cada gota con la que te juntas al fluir de tu vida. Pero todo parece intranscendente cuando llegas a la plácida calma del lago. Quizás al final del todo, sí que nos reencarnemos.
-Volverás a vivir, formando parte del buitre que ha carroñeado tu cuerpo muerto, de los insectos y gusanos que se han comido los restos. Serás sus heces, serás sus cuerpos muertos. Serás el árbol que se alimenta del abono. Serás la podredumbre de su tronco caído. Y volverás a renacer.
Y me dispersaré y me diluiré en el mundo como el agua del río.
Pasó otro ciclo lunar más. Papaver Rhoeas, Delphinium stphisagria, Betula verrucosa,Corylus avellana, Papaver Somniferum... Flores, hojas, cortezas, raices, tallos...
Con el paso de otro ciclo lunar más, empecé a desesperarme. Sentí que aunque estuviera donde más quería estar, me faltaba la gloria del amor, de los besos y la complaciente compañía de la fiel amistad incondicional. Faltaban mis amigos y mi novia. Y aunque el aprendizaje y el descubrimiento interior eran lo que mi espíritu requería, mi cuerpo pedía la compañía de mis confraternos. Así argumenté mi partida de la estrecha y decrépita cabaña. Únicamente me dijo:
-No sólo partes para buscar a tus amigos, también buscas respuestas. A tu llegada, a la toma de tu decisión de seguir el camino druídico para confirmarte en él o para desecharlo, para conocer tu entorno para sentirte seguro. Tu espíritu tiene muchas inquietudes que deben ser calmadas. Ve. Vuelve cuando tengas tus respuestas, cuando quieras adentrarte más profundamente en este bosque.
Eché un zurrón a mi costado, con mis antiguos ropajes y con recipiente de agua. Una pequeña hoz serrada de dientes de piedra y un punzón de hueso. Sólo llevaba un taparrabos de piel de conejo y mi cuerpo atletico, que empezaba a dorarse con el sol veraniego.