¿Su general? ¿Qué significaba eso? ¿Que era él quien comandaba las tropas de orcos? Enterré la cara entre su ropa cuando uno de ellos pasó cerca de nosotros. Saludándole. Sólo lo vi durante un instante, pero le saludó.
Era su ejército. Él se había lanzado contra nuestro apacible pueblo.
¿Por qué aquí? ¿Por qué él? ¿Por qué así?
Había imaginado millones de veces nuestro reencuentro. La imaginación no me daba para más, había recorrido tantas millas en sueños para encontrarle que me sentía hasta cansada. En una duna, un bosque, un volcán, un montón de íncubos me secuestraban y él venía a rescatarme, me caía a un río mientras me bañaba y él se tiraba a por mí.
En ocasiones, me sentía muy enfadada, pues no entendía por qué no había venido a buscarme antes y en mi mente había ideado una historia en la que un montón de gorras rojas rabiosas le secuestraban, perdía la memoria y acababa convirtiéndose en algo así como un monje budista con la cabeza rapada encerrado en un templo en una alta montaña de otro continente.
Mi imaginación había dado para mucho en aquellos tres años, podría haber escrito como mínimo, diez libros del tamaño de El Señor de los Anillos.
Sin embargo, nunca había imaginado que se uniría al ejército de la oscuridad. Y nada menos que como general...
Cuando el orco por fin pasó de largo, me aparté lentamente y le observé. Se había dejado crecer mucho el pelo. Tenía la piel curtida y muy morena, y barba de varios días. Sus brazos se habían torneado en marcados músculos, y sus pectorales se adivinaban a través de la túnica élfica, pues no estaba confeccionada para un cuerpo como el suyo. Sus ojos verdes brillaban con el sol del atardecer. Estaba realmente guapo. Pese a los deseos de llorar de decepción, mi corazón comenzó a latir mucho más deprisa de lo que podía controlar.
De pronto, sentí como si algo me estrangulara, como si una fuerza invisible me oprimiera el pecho. Otra vez no, pensé, lo he controlado. Lo había controlado, pero no para aquella situación. Comencé a boquear como un pez fuera del agua, cada vez sentía que menos aire llegaba a mis pulmones. Apreté con mi puño la ropa azulada de Carlos, que se inclinó sobre mí, preocupado.
De pronto, las palabras de Elistan llegaron a mis oídos.
"Contrólalo, Nessa. Cuando alguien se siente mal por dentro hasta el punto de pensar que va a perder la cordura o incluso la vida, es que algo en su mente no está en paz. Cierra los ojos, tranquilízate, olvida todo lo que hay a tu alrededor. Ese es el secreto para encontrar la paz interior. Sólo debes sentirte en armonía con todo tu cuerpo, con todo lo que te rodea para ser feliz.
En la vida hay muchas cosas que lucharán por llegar a tu corazón y destrozarlo, debes ser más fuerte que ellos. Debes sentirte más fuerte. Lo eres, Nessa, tú eres más fuerte que todos nosotros. Nosotros vivimos tanto tiempo que nos olvidamos de disfrutar, nos aislamos para no sufrir las pérdidas menos longevas y nos olvidamos de lo que es amar, del compañerismo, de la amistad. Los humanos tenéis el sufrimiento frente a vosotros continuamente, pero también podéis disfrutar de un atardecer o de un beso.
Recuerda, Nessa, la vida está repleta de cosas que te harán sufrir, pero debes saber que estás mucho más capacitada para afrontarla que todos nosotros.
Recuerda, Nessa..."
Cómo le gustaba enrollarse a aquel viejo. Sonreí, aliviada. Por fin el oxígeno fluía por mi garganta hasta mis pulmones.
Abracé a Carlos. Me daba igual que no hubiera vuelto como un paladín del bien. Me daba igual que no se encontrara meditando en una montaña. Le tenía de nuevo entre mis brazos, y aquello era lo único que me importaba.
OUT// Tenéis que probar a escribir escuchando la música que he subido al blog xD realmente emociona e inspira. Puf, he puesto tantas paridas en este post que hasta he perdido la cuenta, pero me apetecía hacer el tonto. Un besito a todos//