Carlos me había ofrecido en varias ocasiones descansar durante un día entero para darle tiempo a mi dolorido trasero de sanar sus heridas, pero no podía evitar recordar las miradas del resto del séquito. Por parte de los drows eran casi siempre de envidia o rabia, pero las de los orcos eran las peores; el desdén y la burla que profesaban hacia mí en secreto se hacían claramente visibles en el momento en el que su General se daba la vuelta. Nunca me dijeron nada, por descontado. Pero esas cosas se notan.
Lo que quería decir con todo este rollo, es que no estaba dispuesta a hacer un alto por más dolorido que tuviera todo el cuerpo para que el resto del campamento tuviera con qué burlarse durante el resto del viaje.
Cuando amanecía, sonaban las trompetas de despertar y casi estuve a punto de sugerirle al drow que las tocaba que hiciera sonar el "quinto levanta", por darle un aire cómico al asunto. Por supuesto no tendría ni idea de lo que hablaba, así que deseché la idea.
Después de las trompetas, venía el momento de vestirse a toda prisa antes de que llegaran los criados a levantar las tiendas.
Como desayuno, una manzana y al trote hasta el mediodía, donde comíamos normalmente algo de caldo con sémola o carne asada. Para los orcos, poco hecha.
Al cuarto día me sentía sucia, el flequillo me caía totalmente lacio y brillante de sudor sobre la frente, y percibía el fuerte olor de mis axilas sin siquiera girar la cabeza, pero comparada con el resto del campamento, olía a frutas silvestres del bosque.
Sin embargo, lo que peor llevaba era la soledad. Durante las comidas Carlos normalmente iba a hablar con sus tenientes o lo que quiera que fuera para marcar la ruta a seguir, porque por lo visto iban improvisando un poco. Y claro, nadie se atrevía a hablar conmigo por no enfurecer a su General. Sólo solía hablar un poco con el hechicero, pero me repulsaba en gran medida.
-¿Qué tal lleváis el viaje? -Me preguntó en la cena.
-Perfectamente -repuse, poniendo la espalda recta y echando los hombros hacia atrás. Quería demostrarles que podía ser una esposa perfecta para su grandioso General.
-No hace falta que finjáis conmigo. Sé perfectamente que en el fondo sois una chiquilla asustada que siente que la vida en el castillo va a ser muy dura para ella, sobre todo sin una corte con la que charlar y cotillear. -Pronunció esas palabras con tanta suavidad como quien duerme a un recién nacido, y yo no pude más que mirarle ¿a dónde quería llegar?- Seguramente vuestro...
-Prometido -enfaticé, para que no pensara que era una fulana cualquiera, una diversión de su señor.
-Vuestro prometido -repitió, con una media sonrisa- no os ha hablado del lugar en el que vais a vivir cuando termine este viaje. ¿Habéis vivido alguna vez en un castillo?
-No... pero he visitado muchos -bueno, no tantos, sólo el de Peñíscola y las Torres de Quart ¿o eran las de Serrano?.
-Por vuestra piel, parece que venís de un lugar cálido, seguramente tirando hacia el sur, así que no habréis vivido en vuestras propias carnes lo que significa vivir en un lugar tan frío que incluso pisando el suelo con zapatos, notáis los dedos de los pies totalmente congelados. Pero eso no será lo peor para vos; cuando llegó vuestro... "prometido", el castillo pertenecía a una generala Drow, a la cual destituyó de su puesto, y, de una sociedad matriarcal, el castillo pasó a ser dominado por los hombres. Las mujeres, antaño nobles e importantes, ahora friegan a cuatro patas el suelo de piedra. Si ven que llega una mujer humana, "prometida" a su nuevo señor al que detestan, y tan débil como un pajarito caído del nido, intentarán eliminarla por todos los medios. -Se me cortó la respiración.
-¿Quieres decir que... que intentarán... matarme?
-Eso mismo.
En aquel momento se acercó Carlos, mirando al hechicero con recelo. Este me dedicó una inclinación de cabeza y se marchó, mientras yo observaba el fuego, pensativa. No sabía dónde me había metido.
OUT//No es gran cosa, pero más de lo que habéis hecho en mucho tiempo, panda de huevones xD os odio. Ahora en serio, venga, posteaaaad ;_;//